Sin paz no hay salud, seguridad ni ambiente

Imágenes urbanas

Sin paz no hay salud, educación, seguridad, justicia, ni desarrollo sustentable. Sin ella es imposible pensar en calidad de vida, bienestar y progreso.

La paz es tan esencial para los seres humanos como respirar o beber agua. Es vital para nuestro desarrollo y condiciona el resto de nuestros derechos y deberes humanos, tal y como lo establece la Declaración Universal del Derecho Humano a la Paz.

Lo que sucede en Venezuela en la actualidad debe llamarnos profundamente a la reflexión.

¿Cómo es posible vivir en paz en un país donde el presidente amenaza al pueblo con balas? ¿Hasta qué punto los líderes gubernamentales con sus discursos son forjadores de la paz? ¿Cómo es posible que los colectivos guerrilleros actúen impunemente frente a las supuestas autoridades militares? ¿Por qué tantas muertes injustificadas e innecesarias?

Ciertamente son muchas preguntas que comprometen el disfrute a la tranquilidad, sin guerras ni luchas entre venezolanos.

Sin embargo, no olvidemos que la construcción de la paz también se da en la casa, la escuela y los medios de comunicación social, así como en la práctica cotidiana de valores como el respeto, la honestidad y la solidaridad.

La paz también tiene que ver con la satisfacción de necesidades básicas. El acceso a un servicio sano y seguro de agua potable es un claro ejemplo, como también el disfrute de una alimentación equilibrada y a un servicio de energía eléctrica eficiente.

También tiene que ver con el acceso a un servicio de salud donde no falten medicinas, ni suficientes camas hospitalarias. De igual forma depende de servicios de seguridad y justicia íntegros y transparentes, con autonomía entre los poderes públicos que sustentan a un verdadero estado de derecho.

El disfrute a un aire limpio, a áreas protegidas bien manejadas, y a la conservación del aire y los suelos, también son argumentos para sustentar la paz, tanto como la protección de la vida humana y el resto de los seres vivos.

En Venezuela todos merecemos bienestar, progreso y paz. Sin embargo como alertó una vez Juan Pablo Segundo, existen cuatro condiciones esenciales: verdad, justicia, amor y libertad.

La naturaleza ha sido generosa al proveernos de recursos extraordinarios, que nos permitirían, con una sana y transparente gestión, lograr el desarrollo realmente endógeno y sustentable, con la activa participación de la sociedad.

Sin embargo, no basta con hablar de paz sin practicarla, creyendo y trabajando por ella en el día a día, por medio de acciones ejemplarizantes que generen confianza, en un ejercicio auténtico de democracia protagónica y participativa.

Como una vez dijo Gandhi, no hay camino para la paz, pues la paz es el camino.

Sin paz no hay salud, seguridad ni ambiente.