Si no dialogo, ¿Qué?

Ante el diálogo, en proceso, se está generando un ambiente que sólo beneficiara a unos pocos, en principio a los que quieren comprar tiempo efectivamente, pero el tiempo jugará en su contra, sin embargo hay actitudes aisladas que pudieran convertirse en “ tendencia” y la cosa perjudicaría a la mayoría actual, que no son precisamente los que mandan.

El desespero de los dirigentes ante una situación intolerante y difícil, como en efecto la hay, sólo daña a la mayoría y esto es una inequívoca señal de poca experiencia política; el desespero desemboca en la intolerancia y al final, en un único resultado: la violencia que, como bien dice Gandhi, es “un obstáculo a la democracia y la victoria de lo irracional”.

El diálogo, a pesar de ser la única salida al tema de este país, no es un camino corto, pero tampoco infinito, más aun en nuestro caso particular donde ambas partes lo han invocado y en el que se involucraron interlocutores, que están muy al tanto de lo que aquí ocurre; ninguno de ellos se prestarán a la aventura, de algunas de las partes, por lo menos el de mayor credibilidad no lo hara, ya al día de hoy las partes tienen su “deadline” en obligaciones de estricto cumplimiento y no hay excusas.

La dinámica del diálogo dirá por dónde es la cosa. A veces las pretensiones iniciales mutan como únicas salidas, pero hay cuestiones que son irrenunciables para las partes y así seguro quedaron acordadas. En el diálogo también quedan al descubierto los incumplimientos, las aberraciones y malos presagios y para ello sólo hay un remedio: la denuncia y el reclamo de parte de quien está jugando limpio, luego el reproche y las subsiguientes sanciones, llegarán solas y prontito.

Si las emociones invaden el campo de lo racional, el resultado será penoso y nos estaríamos olvidando de nosotros mismos, pues el hombre al final se convierte en el resultado de lo que piensa.

Hay momentos para todo en la vida, inclusive para abandonar el diálogo, pero ese tiempo no ha llegado aún y siendo como lo soy, claramente de una de las partes, no me gustaría que se desacredite a quien me representa y al que le hemos confiado un mandato, ni a medir a destiempo las circunstancias, pues no dejo de pensar en la interrogante: y si no dialogo,¿qué?