Señor, tome su ticket

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Venta de pasajes - AVN/Referencial

Quienes han tenido que salir de Venezuela, por distintas circunstancias, se encuentran muy rápido con los choques del destierro.

El primer trauma es cuando llegamos a una oficina pública, o a un banco y le dicen a uno, en otro idioma, “señor tome su ticket”. Allí se nos viene a la cabeza ese mundo de sensaciones encontradas y la pregunta: ¿Qué hago yo aquí?

Luego empiezan a llegar las multas de todo tipo, las de tránsito de paso las acompañan con foto y video; no hay escapatoria. En algunos países las cámaras no controlan a los ladrones: son para cobrar. Ni hablar de llevarte el trago viajero. La música a todo volúmen no existe y el reciclaje de la basura no es para nosotros.

Las autopistas, para ricos, son un shock: por un tramo uno paga el equivalente a 3 salarios mínimos.

Ni hablar de los impuestos: ¡cómo duele eso! Una simple visita al médico puede costarle los ahorritos y, si de medicina se trata, se consiguen todas, pero son impagables. En Venezuela, por ejemplo, para un parto, la familia entera entra al quirófano con tragos y demás; afuera uno no sabe quién será el médico.

Llegamos al colegio de los muchachos y aparece aquello del “Bullying”, lo cual es un delito. Es el conocido “chalequeo”. Mis amigos y yo estaríamos condenados a cadena perpetua; en mi colegio esas reglas no existían y no conozco traumatizados.

El estatus migratorio sí que es un dilema en Europa y en EUA. Hay como 100 tipos de visas, más el famoso Asilo. Ahora resulta que todos los venezolanos somos perseguidos políticos, hasta los que ni siquiera han pintado una bandera.

El idioma y la tecnología se convierten para los mayores de 50 en todo un problema.

Lo ya dicho, más las costumbres, la alimentación, los códigos de ética, la mentalidad de cada destino, unido a que somos un país no acostumbrado a emigrar, son suficientes razones para entender que hay un solo plan que se llama Venezuela y por ello tenemos que apostar al reencuentro con la democracia; salir de esas guerras mezquinas a las que nos sometemos en las redes sociales, que nos autodestruyen y que benefician exclusivamente a los políticos.

Dejemos de disfrutar del aislamiento y contribuyamos a sumar, pues mientras tanto, algunos políticos “en el exilio” se deleitan de buena vida porque ni siquiera tratan de aparentar austeridad. La mujer del César se acostó con media Roma, pero siempre fue una dama.