Se busca a Macedonio Guerrero

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Cuando nos tocó investigar para grabar la biografía de José Rafael Pocaterra, un escritor, periodista y diplomático venezolano -transmitida por Globovisión- encontramos un episodio que pasa casi desapercibido: el papel cumplido por el cabo de presos Macedonio Guerrero.

Pocaterra fue un autor prolífico. Publicó numerosos cuentos, novelas, artículos y crónicas de prensa. Su obra más conocida es Memorias de un venezolano de la decadencia, una de las más severas críticas al régimen de Juan Vicente Gómez. Fue partícipe en la invasión por Cumaná a bordo del vapor Falke, en 1929.

Pocaterra estuvo preso en La Rotunda, la temible cárcel gomecista de donde era una hazaña salir vivo. Varias veces fue encarcelado, la primera en 1907 a los 18 años de edad. Es cuando publica sus primeros escritos en el diario Caín. El contenido de sus textos fue tan crítico contra Cipriano Castro y su administración, que todos los redactores de la publicación son encerrados en el Castillo San Felipe de Puerto Cabello. El castigo es motivado, entre otras cosas, porque Pocaterra publicó una lista de candidatos presidenciales para las elecciones de ese año en la que incluía presos políticos y opositores del gobierno. Posteriormente es traslado al Castillo de San Carlos, en Maracaibo, en donde paga encarcelamiento por un año.

Se involucra nuevamente en una conspiración junto a los redactores de Pitorreos y es apresado en La Rotunda en enero de 1919. Allí vivió, en la celda número 41, tres años de terribles torturas, castigos y soledad y fue testigo de varias muertes. De esos días obtuvo vivencias fundamentales para escribir años más tarde, uno de los testimonios más agudos de la represión: Memorias de un venezolano de la decadencia. Tampoco allí descansa su pluma. Trabaja en la primera parte de la novela conocida como La casa de los Abila. Lo que escribe, lo hace en hojas de papel diminutas que son enrolladas para que puedan salir armadas como cigarrillos. El cabo de los presos, Macedonio Guerrero, se convierte en su salvación: se ofrece como correo de la obra que escribe y más adelante permite la entrada de libros a la cárcel.

Macedonio quedó para la posteridad como un tenue pero muy útil rayo de luz en aquella mazmorra infernal. Macedonio fue la esperanza, la mano tendida, la compasión y, sobre todo, la certeza de que todo ser humano guarda bondad en su corazón y que ella puede aparecer con su carga redentora en el momento menos pensado. Hoy el mismo país, secuestrado por las calamidades producto de la perversidad del poder, busca un Macedonio. Se busca a Macedonio Guerrero.