Respeten a Chávez

No olvido cuando Chávez al juramentarse por primera vez como presidente fue más allá del protocolo para afirmar: “Juro delante de mi pueblo que sobre esta moribunda Constitución impulsaré las transformaciones democráticas necesarias para que la República nueva tenga una Carta Magna adecuada a los nuevos tiempos”.

Pocos días después, con el aval de la Corte Suprema de Justicia, el CNE aprobó el Referéndum para la Convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente que se celebró en abril de 1999. Por razones que nunca entendí el llamado del liderazgo opositor fue a la abstención. Yo que había crecido en la convicción que el voto es el mayor garante de la democracia públicamente desacaté la “línea” y acudí a mi centro para votar No a las dos preguntas formuladas: Voté No porque la Constitución de 1960 me parecía un texto inigualable y porque las bases propuestas beneficiaban descaradamente al oficialismo.

Mi voto no sirvió de nada porque el No apenas bordeó el 10 % en unos comicios en los cuales casi las dos terceras partes de los venezolanos se quedaron en sus casas cuando estaba en juego las normativas y leyes de la República, los objetivos del Estado, los derechos y garantías de los ciudadanos, entre otras minucias.

En Julio, se eligieron constituyentes; las bases aprobadas en el referéndum para la convocatoria y la comodidad de la mayoría que siguió en casa permitieron que de 128 a elegir, 120 fueran afines a Chávez. No cuestiono el resultado porque a decir de Juan Vicente Gómez “Que culpa tiene la estaca, si el sapo brinca y se ensarta”. Bien lo reconoció Christopher R. Thomas, Subsecretario General adjunto de la OEA: “fue un proceso libre y transparente”.

En Agosto se instaló la Constituyente y en poco más de 3 meses redactó una nueva Constitución en el marco de una amplísima discusión que fue más allá de los salones del Palacio Federal y que en lo que se refiere a las consultas no fue excluyente; yo mismo asistí a un par de reuniones con Chávez en Miraflores y opiné fundamentalmente en defensa de la descentralización. Los debates fueron intensos, los pocos constituyentes no oficialistas alzaron su voz y si al final el bloque chavista se impuso por lo menos fue posible expresar opinión.

En Diciembre, las urnas electorales se abrieron para decidir sobre la nueva Constitución volviendo a ganar la abstención que llegó a 62 %. O sea que haciendo parrilla y tomando cerveza –cuando se podía- en tres domingos de 1999, la gran mayoría de los venezolanos decidieron sobre la suerte de la nación. Una precisión, volví a votar No.

Mientras escribo, salta a mi memoria la conversación con uno de los “líderes fundamentales” de ese tiempo quien me exigió que no fuese a votar –aunque fuese No- porque legitimaba el proceso de aprobación de ese “esperpento”. Cuando lo veo en las marchas exigiendo respeto para ese “esperpento” que es la Constitución vigente no sé si reírme o ponerme a llorar.

La Constitución de 1999 es obra de Chávez, de nadie más –hay que insistir en ello para quienes dejan la existencia en la calle defendiéndola- y no entrando a discutir sobre el fondo del texto si señalo que el proceso que llevó a su aprobación fue abierto y participativo para quienes quisieron; que la gran mayoría se quedó enchinchorrada es otro cantar.

Por las razones que sea, entre ellas el quitarse de encima a la Asamblea Nacional legítima, Maduro convocó a Asamblea Nacional Constituyente. Sin ninguna participación opositora, abusando del poder, haciendo lo que les dio la gana, el oficialismo supuestamente logró movilizar el 42 % de los electores lo que difiere bastante de los números obtenidos en operativos de partidos y medios que coinciden que sólo fueron a votar entre 12 y 18 %. En uno y otro caso fueron más los que ese día optaron por comer yuca y beber agua de chorro si acaso “porque carne y cerveza, ya no hay”.

Lo cierto es que allí está la ANC y en más de un año no ha discutido ni medio artículo de una nueva Constitución que es el objeto fundamental de una Constituyente. Perdón, no ha discutido públicamente porque leo sorprendido una declaración de Hermann Escarrá en la que afirma se tiene prácticamente elaborada en un 80 %; el mismo Escarrá que llamaba a la desobediencia civil.

No sé si será apropiado pero invito a los “camaradas constituyentes” a respetar el legado, la manera de hacer las cosas de Chávez que por lo menos cuidó de las formas democráticas con la casi “moribunda” Constitución de 1999. Es cierto que ya se las saltaron con la convocatoria y la elección y se han hecho los locos en estos 12 meses pero aún están a tiempo: develen lo que con Escarrá al frente han redactado, presenten al país –mejor a lo que queda de país- cuál es su visión de Estado y Sociedad y vamos a discutirlo. Por favor, no emulen a sus panas cubanos que en dos días despacharon en la Asamblea Popular el texto de una nueva Constitución que por años trabajó Raúl Castro con sus más fieles y que ahora pretenden validar en un referendo atípico: con consultas tuteladas por los jerarcas comunistas y hasta por internet pero sin votar.

Y si en verdad creen en el socialismo –dudo que crean en Chávez- no se molesten si se critica vuestro proyecto de Constitución; recuerden a Lenin quien advirtió: “cuando no hay crítica materialista de las instituciones políticas y no se comprende el carácter de clase del Estado moderno, del radicalismo político al oportunismo político no hay más que un paso“.

 Si quieres recibir en tu celular esta y otras informaciones descarga Telegram, ingresa al link https://t.me/globovision_oficial y dale click a +Unirme. Además sigue nuestro perfil en Instagram, Facebook y Twitter.