¿Quién prende el fuego?

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El primer Judas quemado en territorio venezolano se registra en 1499 y en él fue representando el conquistador Américo Vespucio, quien ofreció a los indígenas espejitos y baratijas para ser cambiadas por perlas. También consiguió que los nativos le fabricaran un navío en el cual se marchó y jamás regresó. Los indios confeccionaron una suerte de espantapájaros, lo colocaron en el lugar donde se fabricó la barraca de Vespucio y le prendieron fuego, bailando al son de los tambores. Así comenzó la tradición de las quemas.

Posteriormente, en la Capitanía General de Venezuela, cuando algún personaje cometía un error, esperaban su declive y lo convertían en el Judas del Domingo de Resurrección. Se sabe que el primer Judas de Caracas se quemó en el año 1801. La actividad se practica hasta el sol de hoy.

Ayer, el gobierno recogió varios Judas de las calles caraqueñas. En Chacao le atribuyeron la arbitrariedad –quienes en el municipio lo adversan- al alcalde Ramón Muchacho cuando en verdad las órdenes salieron del gobierno central, tal y como se informó a través de los chats vecinales. Es bueno tener presente que la policía de Chacao está intervenida. Cuando quienes hoy la controlan se ponen atrabiliarios, pues es más fácil culpar al alcalde opositor. De hecho, en Chacao prendieron fuego a varios judas, alguno portando la identidad del alcalde y eso no se prohibió. Pero se trata de minucias que sólo muestran lo poco que algunos han aprendido de la terrible situación que vivimos y que debía deslindar claramente lo sustantivo de lo meramente adjetivo.

Lo importante es la pretensión de interceptar una tradición por disposiciones que, más que eso, son imposiciones. El gobierno “arrestó” ayer a varios judas. Tan vano como proponerse confiscar el pensamiento. Hay asuntos contra los que no se puede. El régimen puede “hacer preso” a cada judas que vaya consiguiendo en el camino, pero ello solo confirmará la certeza del repudio con que la ciudadanía los distingue. 

Una tradición va en el alma de los pueblos y mucho más profundamente si se están vinculadas a temas espirituales y de fe. En el caso de Judas se unen ambas cargas en una sola bomba: la quema no es solo del monigote, sino que el fuego lo prende la indignación de un país hambreado y humillado. Eso no se confisca, lo que puede es crecer peligrosamente…y no será precisamente un judas lo que estalle.