Presbicia: síntoma de madurez

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“Y pasarán las noches y soñarás con ser muy pequeño de nuevo, hasta que comprendas que crecer significa no dejarlo todo intacto”.

Hace poco empecé a usar esos lentes de “descanso” y en días pasados me vi en este escenario: yo leía un libro y mi esposa otro, obviamente temas distintos, pero lo común eran las “gafas”. Allí me di cuenta realmente de la etapa en la que entramos los que rayamos los 50. Ese día y por algunas horas llegaron a mi mente fragmentos del recorrido de todo este tiempo: los errores, los aciertos, lo que he podido hacer y lo que aún me falta; al final, lo más importante es prepararnos para envejecer de manera feliz. No me he arrepentido de nada, pero comprendo que hubiese podido hacer diferente algunas cosas y que ciertas decisiones fueron apresuradas….

Quiero sumarme al estudio aquel que dice que, con el tiempo, vamos consiguiendo mejor nivel de satisfacción, aunque vamos perdiendo cualidades.

Lo que debemos de desechar es esa inútil y estéril lucha por no aceptar que ya no somos jóvenes; entonces empezaremos a recorrer una nueva felicidad: entre los 50 y 90.

Los científicos siguen acumulando pruebas que indican “que los años, pese a hacernos más feos o menos ágiles, nos harán más felices” pero aún no han dado con una explicación completamente satisfactoria del motivo de esta tendencia. Hay quienes lo atribuyen a esas reservas de felicidad que tenemos y que solo van soltándose con el tiempo; nuestro cuerpo y mente se van reorganizando y se adaptan, en un sistema perfecto. Bajan los niveles de estrés y sube la tolerancia. De pronto también nos vemos reflejados en la salvaje juventud y, para contrarrestarlo, nos juntamos con los compañeros de la infancia y recordamos nuestras travesuras y hazañas, así nos reconfortamos.

Los años nos dan la habilidad para manejar mejor nuestras emociones y ser acertados a la hora de contribuir con las decisiones complejas. Eso abriga a la sociedad y a nuestro entorno. No debemos de enojarnos al no tener tantos rastros de aquellos tiempos.

Ante una situación como la que vivimos en Venezuela, conseguirán las soluciones las personas que logren mantener intacta su libertad interior; ellos podrán ser más racionales. Allí, los que usan lentes, jugaran un rol fundamental, pero no todos, solo a los que su presbicia los oriente hacia la libertad y la democracia: “los que quieran construir para habitar y no los que quieran destruir para gobernar”.