Por una ruta cívica y pacífica

Referencial

Desesperación, mucha desmoralización y resquebrajamiento de un proyecto que perdió su rumbo y enterró a su piedra angular, a su mentor Hugo Chávez, es lo que revela Maduro, cada vez que empuña un fusil para suplir con balas los votos que no logra alcanzar para una eventual elección transparente. Se regodea autoproclamándose “comandante en jefe de las FANB”, como el que va silbando mientras cruza un cementerio a la medianoche, porque cree que eso lo ayuda a mitigar el miedo.

Se quedó sin pueblo, aunque realmente nunca lo tuvo. Quien sí acaudalaba respaldo popular fue su “padre” político quien no le endosó esos delirantes apoyos, pero sí le dejó una catástrofe económica y social, además de una estructura gangrenada por la corrupción. Aunque, la verdad sea dicha, ya esa fe ciega en Chávez venía “palo abajo” porque la gente comenzó a percatarse de las mentiras empaquetadas en ese falso proyecto revolucionario. Maduro fue derrotado contundentemente el pasado 6 de diciembre de 2015. Fue un revocatorio más que unas elecciones de diputados, en sentido estricto.

La ciudadanía votó contra este pésimo Gobierno, y al momento de elegir los parlamentarios, estaba también manifestando su repudio a un Presidente incapaz, que ha logrado unir a las mayorías nacionales en la solicitud expresa de que renuncie, de que se vaya, tal como se pretendió formalizar ese hecho en el referéndum revocatorio que sabotearon, como también se burlaron del calendario electoral para designar nuevos mandatarios regionales.

No quieren medirse en ningún tipo de consulta, porque saben que las perderán todas, sea cual fuere. De allí que actúa como todo dictador que se aferra al poder, aunque eso implique matar seres humanos. Y eso es lo que hacen Maduro y su camarilla. Violan la Constitución y las leyes, se ha buscado una mafia que secunda sus despropósitos, para mantenerse por la fuerza bruta en el altar de Miraflores. Eso lo coloca en la mirada de todos los ojos del mundo que lo llaman tirano, lo descalifican como gobernante y lo homologan a los mandatarios más sanguinarios que han salido del poder en las más escalofriantes condiciones. Eso no lo queremos ni para él ni para la historia de Venezuela.

Por eso hemos insistido, estoicamente, aún a contrapelo de la gente que sale a las calles a marchar y que exige más contundencia de nuestra parte, una ruta cívica y pacífica, como esa que resumió en su carta el Secretario de Estado del Vaticano, Cardenal Pietro Parolin. Lamentablemente Maduro, tercamente, se desliza por el voladero de la trocha golpista, dándole continuidad al “hachazo” que se le dio a la Carta Magna, nombrando magistrados chimbos en una sesión ilegal el 23 de diciembre de 2015. Convirtieron la Sala Constitucional del TSJ en un suprapoder y a Maduro en un tirano sin recato alguno. Lo último es ese bodrio de constituyente que pretenden consumar para instalarse como propietarios de un país, como si esto no es una nación sino “una cosa”, porque para ellos Venezuela es un simple objeto del que se adueñan como el que se roba la bicicleta de un vecino.