No te olvido, hijo querido

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Hijo, gracias por tu carta; en estos días de Navidad, no me siento sola, ni triste, tengo paz espiritual por el deber cumplido contigo y con tus hermanos. La vida, no son los años, sino los momentos y nosotros hemos vivido los mejores.

Estoy feliz porque hayan buscado nuevos horizontes y que en Navidad se reúnan para recordar nuestras tradiciones: comer hallacas, pan de jamón y para escuchar gaitas.

Aspiro a que luchen y salgan adelante. Yo ya estoy de partida.Aproveché los años de la democracia y sabía que estos momentos podían llegar; me prepararé ,he administrado mis alegrías.

Ahora ustedes son los que tienen que trabajar por un mundo mejor: los tres han dado demasiado por Venezuela. La partida fue dolorosa, pero necesaria. Les pido que nunca abandonen sus principios y que no se acostumbren al exilio, pues eso pudiera alejarlos de nuestras raíces. Vivan pensando en retornar, desechen “los quizás”, entiendan, que los tiempos son pasajeros y que tenemos que interpretar las circunstancias, día a día. No limiten la visión a lo que está en frente y recuerden que la felicidad es sólo una decisión.

No se si llegará el momento para reencontrarnos, o, si será tarde para mí: es ley de vida. Si se hace tarde recuérdenme con amor y sobrepongan la justicia ante todo.

Traten de hacer vida en lugares donde se respete la Ley. Únanse a gente con principios, no dejen de pedir por los más necesitados, respeten a quienes los reciben y cuéntenles que Venezuela es un país de gente buena, que ustedes no son culpables de los momentos de hoy y que esto cambiara.

Hijos: llegará el momento en el que tendrán que cambiar insultos por indultos, de unirse a retomar un gran país: el país que me vio nacer y el que me acogerá para descansar en mi eternidad.

Sean los quijotes de los tiempos de hoy. Presuman de ser venezolanos. No dejen de soñar y sean agradecidos. Recuerden que la vida es también experiencia y desengaños pero, al final, todo es nuestra actitud ante ella.

Yo veo sus rostros, permanentemente, en cada joven. Ustedes me recordarán y me olvidarán, es parte de las leyes humanas. Les ruego que jamás traicionen vuestros ideales. Hoy me resigno con aquella melodía llamada destino.

D-os te bendiga, hijo querido

¡Feliz Navidad!