No hay cuenta que dé

El pasado viernes seguí con mucha atención la alocución presidencial. Siempre que puedo lo hago porque nada permite forjarse una mejor apreciación sobre anuncios relevantes que observar al portavoz en vivo y directo.

En otro momento la puesta en vigencia del nuevo cono monetario, el aumento al 16 % del IVA, el anticipo de pagos del ISLR, la doble contabilidad, el incremento de la gasolina y la manera de acceder al subsidio, la paridad cambiaria única y flexible anclada al Petro, la multiplicación de las subastas DICOM, hubiesen generado infinidad de comentarios y mucha angustia por no afirmar disgusto, pero para la gran mayoría lo que sobresalió fue el ajuste del salario mínimo decretado: 180 millones de bolívares fuertes de ayer, 1,800 de bolívares soberanos de hoy, medio Petro que es medio barril del petróleo aunque se encuentre a veinte mil pies de profundidad.

Trabajo hace muchos años en el sector privado; allí aprendí como hay que esforzarse para garantizar el pago de salarios de mis compañeros de labor, cancelar servicios, proveedores y arrendamientos, mantener infraestructuras y equipos, actualizar tecnologías, realizar nuevas inversiones. Cada bolívar hay que sudarlo y cada centavo cuenta. Eficiencia en el gasto, mirada puesta en los microcostos, maximizar la calidad y satisfacer al cliente, sean internos o externos, son premisas de la gestión diaria que en los últimos tiempos el entorno ha hecho muy difícil alcanzar.

No esperamos a fin de mes el dozavo de un situado ni un crédito adicional, no aguardamos porque desde el ministerio, la gobernación o la alcaldía nos “pichen” un poco más para cumplir con nuestras obligaciones. Hasta el último céntimo es necesario producirlo.

Como nosotros, a pesar de lo pasado, todavía hay centenares; es cierto que son incontables las iniciativas privadas que han cerrado o han pasado a manos del Estado, pero aun quedamos sobrevivientes. Centenares que acobijamos a miles y prestamos servicios a millones, centenares que significamos algo de ese PIB que según el FMI en el 2018 caerá 18 % lo que no será por los nuestros.

Mientras unos se frotaban las manos con gusto por el anunciado ajuste salarial, otros le daban a la lengua criticándolo, centenares que el 30 de agosto tenemos que honrar nóminas, nos sentamos a echar números, a sacar cuentas, a construir escenarios los más estudiados. Los resultados son aterradores.

No hay cuenta que dé y la perspectiva es tan dramática que en propiedad es obligante advertir que lo que se padece actualmente es nada con lo que está por llegar.

¿Cómo explicar y que se entienda el demoledor efecto que sobre el sector privado tendrá el aumento salarial de tres mil seiscientos por ciento si le sumamos al anterior salario mínimo la cesta ticket? Un empresario de televisión con quien atendí una reunión, el sábado, cuando le preguntaron sobre esto afirmó: “imagínese que usted tiene un puesto de empanadas y cuenta con un ayudante y el gobierno le obliga a contratar y pagar treinta y seis ayudantes más para producir las mismas empanadas. Así será”.

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