¿Naciones Unidas? ¿Para qué?

Agencias

Es realmente inaceptable a lo que ha llegado la ONU. Quienes la manejaron en las dos últimas décadas torcieron su razón de ser. La minaron de inoperancia y, seguro, de corrupción. Allí vendrá un gran escándalo en su momento; son casi peores que los de la FIFA.

La ONU ya es cuestionada por las grandes potencias, irrespetada por algún poderoso y mal vista por millones. La pérdida de la fe en ella genera un mundo sensible a los abusos y el latente temor a los tiempos de guerra.

El silencio de la ONU sobre lo que ha sucedido con la “Primavera Árabe”, y los crímenes recientes Siria usando armas químicas en contra de la población civil demuestran su falta de capacidad y de voluntad, que es peor aún.

Ya hay una especie de libreto: sucede algo, se reúnen unos tíos que viven en las mejores zonas de Nueva York, en horarios donde no se interrumpan sus partidas de golf, traen ya una resolución preparada, se activan las comparsas de los distintos bloques y empieza el show. Siempre están los que, a ciegas, defienden cualquier crimen cuando se trate de algún país “aliado”. De Rusia ni hablar; cuidado y se cuestiona su actuación, pareciera que le conocen los secretos a todos los mal portados y, con ese cuento, logran lo que les viene en gana.

El grado de inmoralidad es tal que, mientras se dan estas tragedias , se suscriben resoluciones en contra de Israel por defenderse ante actos terroristas, pues hay que cuidar los derechos humanos de los malos; así mismo, al Corea de Norte ni lo miran; seguramente, pronto le darán una condecoración por buena conducta.

Menos mal que Trump tocó un botón el otro día y lanzo un par de misiles, una señal y parece que le está gustando, Obama debió de hacerlo, pero para el Bashar al-Assad “ no se había pasado de la raya”.

Señores de la ONU: paren el festín. Cada uno de ustedes será responsable por la omisión en su deber de actuar; el tiempo pasará facturas, el orden internacional tendrá que rectificar y no valdrán las excusas. El mundo se hace pedazos mientras ustedes calientan asientos en sus misiones y solo suman a vuestros planes de retiro a costa de las penurias. Se han convertido en una especie de seres extraños, ajenos al dolor y sufrimiento de los pueblos. Ustedes estáis destruyendo una institución llamada a buscar el equilibrio. El problema no es la ONU, sino quienes la dirigen. Es solo vuestra culpa el hecho que todos estemos en el mismo cuestionamiento: ¿Naciones Unidas? ¿Para qué?