Miguel Jaime dio al cocuy puesto de honor en sus bodegones

Cortesía de Julio Colmenarez / El Informador.

Desde tiempos muy remotos, en territorios venezolanos ubicados al sur del estado Falcón y norte de Lara, tierra de nuestros antepasados gayones, ayamanes, caquetíos y axaguas, ellos aprovechaban las bondades y virtudes de una planta conocida como Agave cocui y la utilizaban con fines medicinales, alimenticios, religiosos y artesanales. El Agave tiene más de 200 especies de este género de la familia del mismo nombre ubicadas desde México hasta el norte de Venezuela y Colombia, de gran diversidad en tamaños, colores y vida.

Testimonios orales y crónicas de viajeros dan cuenta de la existencia de una bebida que nuestros antepasados lograban unos 500 años A:C mediante labor artesanal con el arte de la fermentación natural del líquido extraído de la “cabeza” de la planta para la celebración de rituales y ceremonias festivas, además de azúcares, sustancias jabonosas y una fibra muy fina para tejido de hamacas, alpargatas y bolsos.

El trabajo artesanal logrado al cocinar en huecos abiertos en la tierra para producir cocuy llamó la atención de los conquistadores, quienes se incorporaron a su consumo e incorporaron el alambique a la faena. Según el conquistador español, Gonzalo Fernández de Oviedo, “el cocuy es útil y buena hierba, porque se hacen de ella muchas cosas: hilo, cuerdas y sogas. En tiempos de necesidad, a falta de maíz y casabe, es manjar para suplir el hambre y no tiene mal sabor”. El cronista italiano Galeotto Cey contó que “los cogollos del cocuy los dejan cocer y estofar, después los sacan y los comen; les sirve de pan y agua”.

El cocuy de penca, como se le conoce, por varios siglos fue consumido en la región hasta que se le comenzó a perseguir. Según el desaparecido cronista de Iribarren, Ramón Querales, “comenzó una campaña de descrédito contra el cocuy. Se decía que los campesinos se volvían locos y cometían crímenes. Era peor hacer cocuy que ser ladrón. Era para potenciar la fabricación de rones”. El zumo de Agave pasó a la clandestinidad y sus productores perseguidos y castigados,

El 15 de agosto de 2005 la Asamblea Nacional declaró al Agave cocui Patrimonio Natural, Ancestral y Cultural de la nación y ahora, con los elevados costos de los licores importados se ha desarrollado su degustación colectiva y hasta locales que sólo vendían tequila mexicano, su primo, lo sumaron a su lista de ofertas.

Uno de los principales promotores de darle valor al cocuy de penca es Justo Pastor Vásquez Gil, quien de profesor de física y matemática en Siquisique, tierra cocuyera, conoció las virtudes del zumo de Agave y ya jubilado instaló seis bodegones donde además del “clarito”, el “gota a gota” o el “barril”, expenden 48 combinaciones con frutas y yerbas para variedad de consumos.

Además del cocuy y sus combinaciones, los bodegones son muestrario de la artesanía larense. “Me considero defensor de lo nuestro, en Lara somos íconos en música, el arte y el arte es cultura y el cocuy es cultura autóctona, valor ancestral”.

La calidad de su cocuy lo llevó a crear la marca Miguel Jaime, símbolo actual de un producto orgullo de la región, solicitado ahora en muchas otras ciudades del país. “Mi idea sigue siendo, darle valor al Agave de penca y allí está, Cocuy de penca de Siquisique, en el puesto de honor de los bodegones”.