María tiene que abrirle los ojos a Puerto Rico

EFE

Ante grosera injusticia del abandono a Puerto Rico, alzo la voz para llamar ingratos a los que tienen corta memoria y subestiman a un pueblo -de gente buena, pero oprimida-, a cambio de un bendito pasaporte que, por más que diga United States tiene una línea ininteligible que dice: ciudadanos de segunda. Es así y punto.

Estado Libre y asociado suena bonito pero, para un matrimonio de 30 años, no para Puerto Rico.

Colón llegó a la isla con su pandilla en el segundo de sus viajes y se consiguió allí con los Arahuacos y Saladoides, indios originarios de Venezuela.

Puerto Rico fue interesante para los gringos en la Guerra contra los Españoles, en 1917 el presidente Wilson los convierte en ciudadanos norteamericanos, con algunas limitaciones: no gozan de protección constitucional y no pueden votar en las elecciones si no están residenciados en uno de los estados de la Unión. Puerto Rico pertenece a los Estados Unidos, pero no forma parte de ellos, por eso hay quienes refieren que están siendo tratado como una Colonia.

Lo que ha ocurrido históricamente es realmente terrible: el boricua es latino, con rasgos y costumbres distintos al anglosajón, o al irlandés, piensan diferente, hablan y ven la vida más sencilla; como debe ser.

A estas características se suman también un cúmulo de historias de corrupción, los pocos recursos económicos, técnicos y profesionales emigraron a las grandes ciudades de los Estados Unidos y, finalmente y como factor fundamental, el abandono de los norteamericanos por no haber visto ahí un atractivo real.

Hoy hay un descuido espantoso, muerte y desolación y nadie dice nada porque piensan que el gigante está pendiente. Trump ya fue a sacarse la foto y a decirles I’m sorry.

Puerto Rico necesita revindicar su dignidad y ser escuchado. Su gente tiene que estar presente en la política y el Congreso, deben adentrarse en el Lobby. Hay que sumar gente que grite por ellos pero, por sobre todas las cosas, tienen que apreciar el mensaje de María para decir: ¡Ya está bien! No seremos más esa puerta trasera. Ser asociados tiene un costo que, si unos no lo quieren pagar, sobrarán las ofertas.

Puerto Rico no está solo: hoy todos somos Puerto Rico y anhelamos reivindicar muy pronto el encanto de esa maravillosa isla.