Manchester: la historia continúa

Ahora le tocó a Manchester, pero como no vivimos allí, entonces la cosa no es con nosotros. Ésta es la ridícula forma de pensar de quienes creen que son ajenos y distantes a estas desgracias, pero no calculan que el lobo cada vez está más cerca de alguno de ellos, o de sus seres queridos.

Este atentado, después del de Londres del 2005, ha sido el más letal: 22 personas fallecidas y casi 100 heridos.

Hoy dañaron a los más desprotegidos, a los más inocentes; hoy le toco a un público integrado básicamente por niños y adolescentes, pero no es al azar, no: esto es a cosa hecha y es algo bien planificado.

Mrs. May -en el despiste que la caracteriza, porque ya demuestra que no se entera “de qué van éstos”-, declara después de su reunión del comité de crisis: “estamos por la pista de identificar al atacante y sus posibles cómplices”. Theresa, no. Esto no es lo que quieren escuchar los ingleses, ni el mundo entero : ya se sabe quiénes son. Todos estamos anhelando una declaración contundente, una reacción inmediata. Soñando con sanciones, persecución, aislamiento y con la captura de quienes patrocinan y celebran estos ataques. Su gente sabe por dónde “fumea la cosa”. Ya está bien de tanta delicadeza con quienes no conocen del término. Para ellos usted es una infiel, aunque “se vista de seda” y coqueteé con los reyes, jeques y califas…

Doña May: ustedes están educando en las mejores universidades de su país a cientos de aquéllos a quienes hay que conminar a que se pronuncien, a que les hablen a los radicales en sus sitios de “rezo”. Usted, hoy, tiene el deber de decirles a todos que, “quienes quieran adaptarse a las costumbres de su país, a sus leyes, bienvenidos sean y los que no, pues que busquen su libertad más al oriente, con sus pares”; de lo contrario ustedes irán camino al Reino Desunido.

No hay manera de controlar a un lobo que nunca suele ser solitario. La prevención es la mejor arma, pero una respuesta contundente, aleccionadora, al estilo british, se hace básica y necesaria ahora: ¿dónde está vuestro orgullo inglés, vuestra Marina, Ejército y mejor policía? Exija públicamente el repudio del mundo árabe, de sus líderes y dígales que, aquél que no lo haga, pasa a ser cómplice; usted lo sabe , y ya ha pagado muy caro por el oro negro.

Los ingleses ya no se conforman con el té ni con el cambio de guardia en Buckingham; quieren que Manchester no sea la historia que continúa.

Ya se separó de Europa: la felicito por semejante estupidez. Ahora demuestre que puede sola en contra del monstruo que tiene a los ingleses sin dormir, de lo contrario la historia se lo demandará.

Manchester, bella y hermosa: ¡estamos con ustedes!