Lucila Luciani: La silla número 10

Buscando entre los miles de personajes interesantes de nuestra historia me topé de “retruque” con una figura super interesante que ocupó por primera vez la silla número 10 de la Academia Nacional de la Historia ,su nombre Lucila Luciani. En Venezuela , hasta 1940 nunca una mujer había tenido el privilegio y responsabilidad de ocupar un espacio en esas academia que se había reservado sólo a los hombres.

Esta ciudadana nacida en Maracaibo un 21 de enero de 1882 y vivió una multifacética vida que compartió de manera ejemplar con su rol de madre de 8 hijos, nada fácil en cualquier época. Fue un dato curioso para mi que la señora Lucila murió un 8 de marzo, cuando se celebra el día internacional de la mujer. Dicen los textos que fue feminista de excepción y pareciera contradictorio que ella opinaba que las mujeres no debían meterse en política.

Tiene una hoja de vida muy larga en actividades para la promoción de los derechos de la mujer, cosa muy usual por estos días , aunque para aquellos años las mujeres eran de la casa. No por eso se desanimó y llegó a ser delegada de la Comisión Interamericana de Mujeres.

Además de sus estudios en Venezuela también recibió formación en Estados Unidos y Francia. En lo cultural, como las niñas bien de su época, estudió piano y violín realizando muchos conciertos. En 1909 se casó con el conocido dermatólogo, Manuel Pérez Díaz.

En 1928 fue designada como uno de los primeros miembros de la Comisión Interamericana de la Mujer, directora de la revista feminista Iris, fundadora de la Unión de Mujeres Católicas de Acción.

Representó a Venezuela en varias conferencias nacionales e internacionales. Fue nombrada en 1941 como la primera mujer presidente de la Conferencia Católica de Venezuela y en el 1945 se desempeñó en la delegación de Venezuela a la conferencia en San Francisco que dio lugar a la fundación de la Naciones Unidas.

Las mujeres historiadoras en Venezuela no son muchas, sin embargo, las que existen y existieron dejaron su marca. Hoy día la segunda mujer que tiene silla en este recinto masculino es la historiadora Inés Quintero, figura a quien admiro por la forma que consiguió para hacer de la historia algo digerible y ameno. Gracias a un micro radial de Lucila Luciani me generó gran interés en conocer su vida y obra. Para deleite de quienes pudieron llegar a estas líneas, les dejo un extracto del discurso con el que asumió la silla número 10 de la Academia de la Historia el 5 de junio de 1940.

“La intensa emoción hace enmudecer. Yo debiera callar en este instante. Pero tengo que hablar, por deber, por gratitud, para desahogo de esta misma emoción que me embarga. Entre las ilusiones de mi vida, os lo confieso ingenuamente, nunca acaricié la de ocupar un asiento en esta docta asamblea, en medio de tan preclaros varones, como son los que me rodean. Nunca volaron tan alto mis aspiraciones, porque ni me juzgaba digna de estos honores, ni creía que ellos estuvieran jamás al alcance de mis manos de mujer. Y hoy, al aceptar una distinción tan desproporcionada a mis escasos méritos, considero más vuestra exquisita galantería que la pobreza de mis aptitudes, y más que la inmerecida honra personal, la significación social y hasta pudiéramos decir nacional, de un acto como éste. Porque al abrir tan generosamente las puertas de esta Academia a la mujer venezolana, habéis proclamado altamente que nuestra amada Patria, hoy como ayer, es siempre la abanderada de las grandes causas, la que marcha a la vanguardia, cuando se trata de nobles conquistas, así sean los sagrados derechos de los pueblos, por los cuales antaño combatió y venció, como los tan discutidos derechos de nuestro sexo femenino, que tan parsimoniosamente se han ido imponiendo aún en los países más adelantados…Feminismo en su sentido más alto significa o debe significar "progreso de la mujer" y es la acepción que sin duda se le ha querido dar en esta circunstancia. Toda conquista nueva representa un adelanto. La mujer ha conquistado un sagrado derecho: el derecho de pensar al igual del hombre, y de desarrollar su pensamiento. Esta es una noble conquista que ni el más recalcitrante misógino sería capaz de denegarle.”