Los tiranos gustan de Constituciones a su medida y caprichos

Castro y Gómez
Castro y Gómez - Referencial

Haciendo suyas las palabras del general José Tadeo Monagas en el siglo XIX de que “la Constitución sirve para todo”, el general Juan Vicente Gómez promovió siete reformas constitucionales para mantenerse en el poder hasta su muerte en 1935, después del golpe de estado que le propinó en 1908 a su compadre el presidente Cipriano Castro, de quien era su vicepresidente.

Al año de su arribo al poder con su Revolución Liberal Restauradora, en 1901, “el cabito” Castró promulgó una nueva Constitución que llevó el período de cuatro a seis años y la elección del presidente por los concejos municipales. “No han pasado tres años de la Constitución de 1901 y Castro ya modifica el período a su favor con la de 1904”, señala Rafael Arráiz Lucca en su libro “Las constituciones de Venezuela (1811-1999)”. La nueva Carta Magna modifica el sistema electoral y recae en catorce electores escogidos por Castro, como aspira el presidente Nicolás Maduro, un grupito de “sugeridos” de su propia tendencia y afectos.

Desterrado Castro, Gómez promueve su primera reforma: en la Constitución de 1909 elimina las vicepresidencias, el voto directo y el presidente es elegido por un Congreso Nacional a su vez elegido en segundo grado. El tirano va centralizando el poder en su mano férrea y es electo Presidente de la República y General en Jefe de los Ejércitos para el período 1910-1914. Compra el Palacio de Miraflores y funda la Academia Militar en 1911 y cuando se aproximan las elecciones, con el pretexto de una supuesta invasión de Cipriano Castro, se declara en campaña, se instala en Maracay, suspende las garantías y encarga de la presidencia al historiador larense José Gil Fortoul. El Congreso aprueba un Estatuto Constitucional Provisorio, lleva el período a siete años y escoge presidente provisional para el período 1915-1922 a Victorino Márquez Bustillos, quien estuvo los siete años de “provisionalidad” hasta que el mismo parlamento designa presidente al “Benemérito” para el período 1922-1929 y restablece las vicepresidencias que recaen en su hermano Juan Crisóstomo Gómez “Juancho” y su hijo José Vicente Gómez, “Vicentico”.

En 1925 una nueva reforma autoriza al tirano su residencia oficial en Maracay, ciudad que convirtió en su fortaleza. A raíz de la rebelión de los estudiantes en 1928 en Caracas, Gómez ordena una nueva reforma. A sus oídos llega el rumor de que su hijo quiere sucederlo en el poder, elimina las vicepresidencias y saca a “Vicentico” como agregado militar en Francia, donde murió en 1930.

En 1929 una nueva reforma establece que el Jefe del Ejército comparte funciones de Jefe de Estado con el presidente electo y solicita se designe presidente de la república al presidente de la Corte Federal y de Casación, Juan Bautista Pérez, a quien luego removió en 1931, cuando se produce la última reforma del período gomecista, al reunir en un solo cargo al comandante en jefe de los ejércitos y la presidencia de la república.

Las siete reformas ordenadas por el tirano general Juan Vicente Gómez giraron en torno a complacer sus caprichos e intereses para permanecer en el poder 27 años en la más larga dictadura de la historia republicana venezolana.