Los dos peores escenarios

EFE

Los venezolanos, están muy atentos a lo ocurre; pendientes de los momentos tan distintos que vivimos en el país y que, estoy seguro, nadie quiere: ni los de un lado, ni los del otro.

Me paseo por las redes sociales y también me contamino. He visto prensa de todas partes del mundo, inclusive medios en Venezuela, que dan vergüenza; me he calado a los “expertos” muy bien vestidos, desde lejos de Venezuela, opinan, y se dan el tupé de criticar a los que sufren. A esos hay que mantenerlos de lejitos: son oportunistas, mercenarios, no quieren a nadie, anhelan el cambio para pegarse a una teta; son peores que los otros.

Apreciando la historia llego a unas humildes conclusiones que, voy escribiendo pero que también mutan, porque aquí nadie sabe nada, no hay un plan país, no hay gerencia y es como lo de Colón a mitad de aquél viaje sin rumbo.

Los seres humanos NO podemos influir en nuestra intelecto, no hay cómo hacerlo; el intelecto está gobernado por aspectos profundamente ocultos de nuestra composición individual. Sin embargo, de las emociones sí que podemos hacer uso para enseñarnos a nosotros mismos sobre qué amar, qué odiar, y cuál es el límite en nuestra capacidad para hacer el bien, o el mal. Es en momentos como los actuales que quienes tienen la responsabilidad de llevar el barco al progreso o, al mayor de los desastres, apelen a ese espacio de emociones donde está la capacidad del bien, recordando que a veces esa oportunidad llega en cortos espacios de tiempo, lo cual nos da chance de rectificar, o sentenciarnos.

Hoy, quienes gobiernan se mueven en dos peores escenarios: llevar adelante una constituyente, que nacerá destinada al fracaso, que surge al margen de la ley, que generaría 3 estados en un mismo territorio -donde nadie se reconocería y que nos convertirá en un país forajido, aislado, aún más pobre y triste.

Y otro escenario, donde frenar ese proceso -que es para algunos la única salvación-, llegue sin los añadidos, sin un alto a la violencia, ni pacto de gobernabilidad, mientras se ejecuta un cronograma electoral, con mediadores honestos, donde las partes puedan medirse con tranquilidad.

Lo urgente es buscar la tranquilad lo demás llegará sólo, mientras exista ánimo de progreso.