Ley contra el odio... de los otros

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El odio, sin duda, ha sido un ingrediente de la conflictividad política existente en Venezuela. Es un componente indeseable. Dañino. Perjudicial. Pero es parte de la condición humana. Está latente en todos y cada uno de nosotros. El ser humano es capaz de amar y de odiar, con la misma intensidad. Y, lo peor, se puede odiar y promover el odio en nombre de una idea, de una teoría,de una religión y de una ideología. Hasta el fanatismo deportivo puede llevar a acciones teñidas de odio.

El racismo tiene su innegable componente de odio. Me creo superior a otro y por su color de piel o su condición étnica me doy el derecho de odiarlo, discriminarlo, reducirlo e incluso matarlo, si es preciso. No hay límites en eso de cultivar el odio. ¿Este flagelo podrá detenerse con una ley? ¿Es posible tipificar el odio como delito y plasmarlo en un texto que no sea resultado de una " odiosa" forma de manipular con el concepto?

Es muchísima la tela que se puede cortar en ese sentido. La Asamblea Nacional Constituyente, con cuya convocatoria y elección discrepé y discrepo por razones de interpretación del texto constitucional, está elaborando una Ley contra el Odio, y aun sin concluirla se le ven las patas al caballo. El discurso para argumentarla parte de la premisa de que el odio es unilateral. Proviene exclusivamente de quienes cuestionan, critican y protestan contra el gobierno. Estamos ante el peligro de que se apruebe una norma de rango legal que termine dividiendo al país entre los "amorosos" que gobiernan y los "odiosos" que se oponen y que de paso también entran en la nada adorable categoría de "traidores a la patria".

El gobierno argumenta que los casos de ciudadanos que fueron quemados por manifestantes son producto de una incitación al odio con base en las políticas de dirigentes opositores y medios de comunicación. Estos casos son absolutamente repudiables, como en su momento lo expresé a través de distintos espacios. Y deberían ser investigados exhaustivamente y sancionados sus responsables. Pero tras esa iniciativa legislativa puede esconderse otro objetivo, el de relativizar y minimizar la represión.

La acción represiva de funcionarios policiales y militares contra manifestantes también podría encuadrarse en delitos de odio, si nos detenemos a analizar con absoluta rigurosidad la innumerable cantidad de documentos audiovisuales en los cuales se muestran actos bestiales contra ciudadanos sin importar edad, sexo e incluso profesión. ¿Esos funcionarios actuaban por odio propio o inoculado? .

¿Y no recuerdan la cantidad de agresiones contra comunicadores sociales que fueron atacados por funcionarios? ¿Y cómo catalogamos la paliza contra parlamentarios cometida por bandas armadas dentro del propio hemiciclo bajo la mirada complaciente del mismo oficial que empujó y vejó al presidente de la Asamblea Nacional Julio Borges? ¿Más que amor frenesí?

Por eso mis reservas frente a esa llamada Ley contra el Odio, o de Promoción de Garantías para la Convivencia , que puede terminar siendo un instrumento para criminalizar la disidencia. Si existiese la real voluntad de erradicar el odio la tarea debería comenzar por quienes desde el oficialismo y sus medios drenan odio sin que nadie les ponga límites, y desde allí se atribuyen el derecho a calificar y condenar como enemigo a los opositores, críticos o disidentes. Y no es que en sectores opositores no existan también quienes promueven actitudes y prácticas llenas de odio, resentimiento y deseos de venganza . No apoyo ninguna de esas actitudes ni acciones, vengan de donde vengan.

Una ley de esa naturaleza, surgida de una Constituyente monocolor, controlada herméticamente por el gobierno y su partido, no va a ser otra cosa que un instrumento de persecución. Ojalá yo esté equivocado y deba tragarme mis palabras y rectificar. Si estuviésemos en medio de una negociación política, de un diálogo creíble e incluyente, cosa que no existe, uno podría tener optimismo frente a cualquier iniciativa que se presente y tenga por objetivo desterrar el odio entre los venezolanos . Pero lo confieso, soy profundamente pesimista, sobre todo porque algunos promotores del odio están sentados en esa Asamblea Constituyente y no han dado muestras de eso que los cristianos llaman propósito de enmienda. ¿Entrará esa ley por casa? Diría ver para creer. Y siendo realista lo mejor seria afirmar, en puro y duro venezolanismo, "yo te aviso chirulí".