Las toninas ya no alegran al Acuario de Valencia

El Carabobeño

La que fuera una institución conservacionista emblemática en el centro del país, se ha convertido poco a poco en un lugar triste. Las Toninas pasaron a ser solo un recuerdo y algunas exhibiciones reflejan el ejemplo de cómo no debe ser gestionado un zoológico o acuario.

Desde su creación en diciembre de 1975, el Acuario de Valencia brindó condiciones para impulsar la reproducción en cautiverio de diversas especies, incluyendo a las toninas, lo cual le convirtió en un centro de referencia en el mundo. Sin embargo, poco a poco los ejemplares emblemáticos de la instalación fueron muriendo, y no exclusivamente por cumplir su ciclo vital.

Un acuario como el de Valencia conlleva responsabilidades, más aún cuando alberga especies vulnerables y amenazadas de extinción. Por ello sus instalaciones, colecciones, programas de educación y cuidados, deben ser manejados por profesionales y técnicos con experiencia, siguiendo estrictos controles de manejo para brindar el bienestar que permitan garantizar las condiciones que favorezcan su reproducción y supervivencia.

El manejo de colecciones zoológicas no puede basarse solamente en buenas intenciones. El conocimiento de las ciencias es básico para sustentar los programas de conservación ex situ, favoreciendo las circunstancias que permitan aumentar el número de individuos de determinada especie, cuando la misma está en declive en vida silvestre. Asimismo, estas colecciones permiten realizar investigaciones que aportan elementos importantes para conocer la biología de las especies involucradas, que también sirve para sustentar su manejo técnico en vida silvestre.

Lejos de los que algunos piensan, los zoológicos y acuarios no son solo lugares para la recreación y la educación ambiental, aunque entre sus objetivos fundamentales destacan tales propósitos. Comprender esta diferencia es básico para gerenciar estas instalaciones, reconocidas por organizaciones internacionales como la clave para la conservación de la biodiversidad.

Pese al éxito reproductivo de las Toninas, un posible descuido de sus protocolos y controles para asegurar su bienestar, pudo influir en la muerte de los 6 ejemplares que allí han vivido, una pérdida lamentable en nuestro patrimonio natural. Seguramente nunca se sepa a ciencia cierta que pasó, pero ojalá se hayan aprendido las lecciones necesarias para que no esta situación no vuelva a ocurrir.

El acuario de Valencia luce triste. Ojalá fortalezca sus acciones pronto y se apoye de expertos que permitan retomar su importante rol en la conservación de nuestra biodiversidad.