La tragedia de Fort Lauderdale tiene más de un responsable

Otro atentado con participación de uno que se ha identificado de alguna manera con movimientos islámicos y está traumatizado por haber participado en una guerra -que jamás ha debido de iniciar los Estados Unidos y que despertó un monstruo que ya tiene millones de cabezas-, pone al mundo de rodillas. Estas guerras son ideológicas para unos pocos y tragedia para la mayoría; por eso hay que frenarlas.

Después de unos días ya nadie comenta nada de aquello. Es inaceptable que las autoridades americanas, a sabiendas de la condición mental del autor material y de sus antecedentes, no le revocaran su porte de armas y colaboraran en su traslado a otro estado. No sé si se trata de la interpretación en amplitud de la bendita segunda enmienda que da derecho a portar armas, o, más bien el relajo y la irresponsabilidad de las oficinas de inteligencia, que pierden tanto tiempo en tonterías y descuidan, haciendo caso omiso, lo que sí, puede hacer daño.

Un individuo con una patología de desequilibrio mental no puede tener en su poder un arma de fuego y punto; menos aún si se trata de un militar profesional.

Esta tragedia pudo ser evitada y hay que responsabilizar a quienes, por omisión, no hicieron lo correcto pues ellos, definitivamente, colaboraron con el resultado.

El común denominador de estos eventos es la membrecía, o el contacto con el Islam radical y la inspiración en sus ideas. Los entes multilaterales no escuchan las voces de alarma, pues sólo se ocupan de asignar cuotas para que Europa reciba los rujiados y nada destinan para los del Medio Oriente; me refiero a los países que tienen posibilidad y capacidad de recepción. Ya está bueno de tanto relajo y tanta hipocresía.

Me niego a dar la razón al periodista y escritor Arturo Pérez-Reverte, cuando dice: Los derrotarán en Irak o en Siria, pero van a triunfar porque son jóvenes, tienen hambre, un rencor histórico acumulado y absolutamente comprensible, cuentas que ajustar, desesperación, cojones, fuerza demográfica... Estamos teniendo el resultado de nuestra pasividad, de nuestro confort, de nuestra demagogia. Ellos usan nuestra propia democracia para destruirla. Occidente está indefenso.

Este atentado casualmente coincide con otra incomprensible decisión de la administración Obama, que autoriza a los soldados Norteamericanos a utilizar “turbante y velo Islámico”; esta es una nueva “cajita feliz”, otro regalito de salida, ( como en las piñatas) pero esta vez para los intolerantes, con los que justamente están en guerra. Imaginémonos esos soldados peleando en medio-oriente, pregunto ¿a quien van a defender?, como los van a distinguir?, la respuesta solo la lleva Barack Hussein Obama.

¿Cuántos eventos más como Fort Lauderdale tenemos que presenciar para entender dónde está inmersa la humanidad, para reconocer que nos tienen en jaque… y para terminar de decir “hasta aquí”?