“La Catira” en el teatro

Refeencial

Consagrado con su novela “La Colmena”, censurada por el gobierno de Francisco Franco, el 22 de julio de 1953 llega a Caracas Camilo José Cela al final de una gira latinoamericana para dar a conocer los nuevos retos de la literatura hispana. El joven novelista es recibido por los directivos del Centro Gallego y el reportero cultural de El Nacional, Antonio Muiño Loureda “El Diablo Cojuelo”, e inicia conferencias y contactos con intelectuales venezolanos con especiales atenciones del Ministro del Interior Laureano Vallenilla Lanz, quien se confiesa impresionado por su narrativa, tanto que le hace una oferta para escribir sobre el llano venezolano, un escenario que gracias a “Doña Bárbara” de Rómulo Gallegos tenía un fuerte impacto internacional.

El escritor recorre buena parte del país, regresa a España y durante cinco meses en Mallorca escribe “La Catira” para cumplir con el encargo del ministro. Dos años después regresa para la presentación caraqueña. Si bien en los medios intelectuales se reconoce su calidad literaria, la historia desata un fuerte debate y las más despiadadas críticas de la prensa por cuanto se detectan errores en el lenguaje y queda clara además la intención de contraponer el texto con el memorable personaje galleguiano.

Al tiempo se conoce, por testimonio de su hijo, que Cela recibió tres millones de pesetas para escribir la obra y que, por supuesto, fue efusivamente celebrada por Vallenilla en los editoriales que escribía entonces en el diario El Heraldo. Con los años, Cela se consagra como uno de los grandes narradores de la época y obtiene el Premio Nobel de Literatura en 1989. Tiempo después, el ensayista Gustavo Guerrero investigó sobre el tema en su interesante ensayo “Historia de un encargo: La Catira de Camilo José Cela” que ofreció detalles precisos y desconocidos de lo ocurrido. En las últimas semanas en Caracas el dramaturgo Javier Vidal ha retomado con notable éxito el episodio en la obra “La Catira del General”, protagonizada por el actor Sócrates Serrano y presentada en el Centro Cultural Trasnocho. Cela muere en enero de 2002 en Madrid y es célebre todavía la anécdota cuando recibió el Nobel de manos de la Reina de Suecia, quien le preguntó cómo se sentía con el galardón. Irreverente y procaz como siempre, el escritor respondió: “Jodido, pero contento”.