Inocente de ese mar

Inocente Carreño
Inocente Carreño - Mauricio Villahermosa

Hoy voy a pagar una deuda que asumí conmigo en enero de 2016. Una deuda de escribir sobre la vida y anécdotas de Inocente Carreño. Casi cinco meses después de mi entrevista , ese baúl de recuerdos de cabello blanco se transformó en gaviota de la costa margariteña y voló ,voló, voló.

“Pregúntale a ese mar donde solía llorar mi corazón, si por su arena, con dulce silbo de veloz sirena cruzó la virgen que me viera un día”.

Cuando se cumplían 100 años del nacimiento de Antonio Estévez, los entrañables amigos del Orfeón Universitario de la Universidad Central de Venezuela realizaron una tertulia muy íntima en la Parroquia Universitaria, para festejar la vida de este gran músico venezolano, allí estuvo el maestro de maestros.

Fui privilegiado de conocer de viva voz las historias de Inocente, un margariteño único en su prosa musical. Si quisiera escribir de su vida musical no me alcanzaría este espacio. El es referencia en Venezuela junto a Vicente Emilio Sojo, Antonio Estévez ,Evencio Castellanos, Angel Sauce y tantos otros. Todos ellos fueron sus amigos, algunos más cercanos que otros . De sus aportes no escribiré, se los dejo de tarea, pero si de algunas de sus historias.

Con el maestro Sojo , aunque era bastante mayor que él se estrechó una muy respetuosa amistad , incluso uno de los hijos de Carreño–Inocente Emilio- fue bautizado por Sojo. Carreño decía que Sojo lo invitaba a conversar y el único que hablaba era el. Por respeto de muchacho, lo dejaba así ,porque el solo hecho de escucharlo ya era ganancia. Inocente se vino de Margarita muy joven, pero desde que recuerda hacía música . Me contó que cuando tenía 15 años “se alargó los pantalones”, todo un acontecimiento que marcaba el paso de la niñez a la etapa adulta. “Yo tenía un solo “flucesito” de kaki. Cuando me lo puse mi mamá me dijo: Muchacho! Ya usted es un hombre…salga a la calle y muéstrese como tal! Y yo salí todo asustado” . Esa era verdadera inocencia.

Con Antonio Estévez también tuvo una amistad entrañable que los hizo atesorar cientos de historias. Fue inocente Carreño quien acompañó a Estévez en el génesis del Orfeón Universitario de la UCV en el año 1943. Inocente ensayó por primera vez con las cuerdas masculinas ,mientras Antonio ensayaba con las Sopranos. “Antonio tenía un carácter del demonio, pero yo siempre terminaba aceptando sus vainas! Me habló de que antes de componer su célebre pieza La Margariteña llegó a pensar que no compondría más ,pues tenía como 5 años que no componía nada. La propia exigencia se iba a convertir en su enemiga. En una oportunidad estuvo quebrantado de salud por excesos de trabajo y un amigo médico le sugirió como tratamiento a sus males someterse a una cura de sueño. Cuando se reestableció su amigo Estévez se le acercó para decirle jocosamente, “pensé que se te había volado una teja”. Aquí el único que tiene una teja rodada eres tu! Así le respondió ,sin pensar que su colega era muy delicado con las bromas y no se daba con nadie.

Inocente Carreño también escribió dos libros , uno con muchas de sus anécdotas cuando vivía en la isla y otro con sus historias de vida. Tenía una mente clara como el mar de Margarita, como su cielo azul. Es un personaje que le puso música a las cotidianidades de lo que vio, con todas sus raíces intactas .Nunca se apartó de dos cosas imprescindibles del ser humano: El amor y la añoranza. Le puso música a un poema de Juan Beroes, llamado Pregúntale a ese Mar y en sus últimas estrofas hay casi un epitafio de su vida:

“…despedirse llorando en mi memoria, escribió por la arena aquella historia con su pulso de espuma, triste y suave. ¡Tú también, corazón, ve a la ribera, y con voz de esa brisa que te oyera pregúntaselo al mar, que el mar lo sabe!


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