Huracanes: Desgracia y Negocio

EFE

Increíblemente aquello de crisis–oportunidad es muy cierto. Si hay una desgracia natural de gran frecuencia, son los huracanes. El Ártico está variando su estado natural, víctima directa de la contaminación; ello ha logrado aumento en el nivel del mar. Las altas temperaturas del agua es el combustible para el desastre.

Los contaminadores : Estados Unidos, India, Rusia, Japón, Alemania, Irán, Corea del Sur, Canadá y Brasil-, son grandes irresponsables, pues dicen que :calentamiento global y desastres, es una teoría no sustentable aún.

Definitivamente faltan presupuestos para la Nasa y otras instituciones, y poder seguir consiguiendo datos sobre los huracanes, sin embargo no se trata solamente de dar mejor respuestas y prepararse para el huracán; hay que atacar las causas de manera inmediata.

No valen las misas de lamentos, ni las oraciones para que se desvíen los huracanes; eso es de idiotas. La Fe es importante pero Dios no es el responsable de la locura de quienes gobiernan y no ponen fin a la brutal contaminación; aquellos que desaparecen cuando se trata de firmar los acuerdos en las convenciones de cambio climático. Ni hablar de los grandes productores de petróleo; esos, que están organizando un mundial de fútbol. A ellos nadie los controla y llevan gran parte de la torta en la falta de toma de medidas. La contaminación debería ser también una forma de terrorismo.

Mientras millones están en penuria en algún momento, otros toman partida económica. Así lo hemos podido apreciar con el reciente huracán Irma que ha causado desastres de importancia y alrededor del cual hay una serie de reflexiones a tomar en consideración:

Las víctimas, en momentos difíciles, se convierten en presa fácil de una cadena de roedores: me refiero a los que suministran víveres, agua, pilas, linternas, maderas y demás elementos necesarios para soportar el evento. Luego están las líneas áreas que se han convertido en verdaderas mercenarias, pescando las oportunidades; ellas ganaron durante estos años mucho dinero. Salieron de la crisis gracias al costo de la gasolina. En Venezuela hicieron su festín; una de ellas en particular cobraba por un ticket a Miami hasta 6 mil dólares y todavía sigue reclamando “lo que se le debe”. Los hoteles subieron las tarifas como si se tratara de temporada alta, es decir que, en las desgracias, paradójicamente, se protegen a los que más tienen. Sobre esto Míster Trump debería de legislar. Yo lo apoyo.

Hay que hacer un alto y pensar en nuestro futuro. Ni hablar en el de nuestros hijos y nietos. La clave se llama ser más humanos.