Guerra contra el pueblo

Referencial

“El gobierno tiene una Guerra contra el pueblo” . Así describió el Arzobispo de Caracas la crisis que vivimos. Una sola frase, que no pudo ser más elocuente, engloba la tragedia de Venezuela. Periodísticamente, no podía ser otro el titular. Porque eso es: una guerra contra el pueblo, desde el principio y hasta el final.

Se ha denunciado toda clase de guerras. La fulana guerra económica es la última de las invenciones de un gobierno exhausto que no logra remontar sus cuestas ni justificar sus fracasos. Antes fue la guerra oligarca, luego la imperial, más tarde fue la de los “intereses foráneos” lo que implica todo el mundo y nadie al mismo tiempo. Hoy es la guerra terrorista. Trump era grato y promisor, ahora lo ven de reojo. El Papa era chévere, mejor que el episcopado criollo -incómodo y contestón- pero ya no es tan “hermano del alma”. Santos, el “nuevo mejor amigo de Chávez”, ya hiede. Almagro fue un tipo simpático, pero hoy es Lucifer con dos cachos. La OEA era la galería de los aliados; hoy, el reducto de los mantenidos.

Precisó el Cardenal Urosa: “Nosotros (los obispos) como ya lo hemos dicho, le pedimos al Gobierno nacional que recapacite, que deponga esa actitud de querer implantar en Venezuela un sistema totalitario marxista y ahora también militar, militarista; y por supuesto, que desista de estar utilizando recursos legales para desmantelar el Estado. Todo eso es reprochable e intolerable y no es el camino que desea la mayoría del pueblo venezolano”. Más claro, ni siquiera el agua.

Ya nadie ve aquí sino una sola guerra, la del gobierno contra el pueblo, en un enfrentamiento asimétrico que se ha vuelto contra los entusiastas promotores del concepto. El pueblo se defiende en la calle que es la fase terminal del pulseo entre el Bien y el Mal que acertadamente preconizó la niña de Fátima, luego convertida en monja, la única que vivió hasta nuestros días y que, casi hasta su muerte, continuó recibiendo las visitas y mensajes de la Santísima Virgen. Hasta los Papas la escucharon y tomaron muy en serio sus advertencias.

La Virgen, bajo la advocación de Fátima, que hace 100 años asombró al mundo hablando a través de humildes pastorcitos portugueses, le dejó el mensaje que cuidadosamente anotó en su diario Sor María Lucía de Jesús y del Inmaculado Corazón -última vidente de Fátima- el 20 de Marzo de 2OO1:

Cuenta que sería cerca de las 9 de la noche cuando se encontraba rezando y meditando los misterios dolorosos del santo rosario, sumergida totalmente en Dios. De pronto –describe- su celda se llenó de una luz admirable y vio viniendo hacia ella a Nuestra Señora “tal como la había visto por primera vez en Cova de Iría”. Esto es parte de lo que escuchó:

“En Sudamérica, las naciones de Venezuela y Bolivia han de ser castigadas por sus muchos pecados y han de ser sometidas al yugo de un comunismo renaciente, que empezará de una manera muy leve, pero poco a poco traerá hambre, división, enfrentamiento y muerte.

Reza, reza mucho por estas dos naciones y has penitencia porque grande será la maldad de sus gobernantes y ambos aliados habrán de ofender con sus seguidores terriblemente a mi Hijo con sus muchas mentiras, su gran soberbia, su terrible idolatría a dioses falsos y su gran odio a la Santa Iglesia.

Venezuela tendrá una terrible crisis social y económica y será la violencia que se extenderá como soberana por todos los lados, el que la gobierna con puño de hierro habrá ser derrotado por breve tiempo, pero su sed de poder lo llevará a la locura misma y mandará a atacar a su propia gente y a someterla con el terror de las armas. Pero, ay de él! , pues su caída será terrible y terrible será la Sentencia Divina, que caerá sobre él por el gran peso de sus pecados.

Reza por él para que logre alcanzar misericordia”.

Un grupo de venezolanos visitó su convento hace unos años y ella los hizo llamar. Les anticipó lo que vendría y los conminó a rezar y a mantener la esperanza a pesar de los pesares que vendrían…porque Venezuela dará un giro y su futuro será brillante. Augurio que encaja perfectamente con la protección divina que nos asiste, a pesar de las sectas malignas y los brujos de todo pelaje que anidan en este país gracias al socialismo del siglo XXI y su rampante ignorancia acerca del poder de lo sagrado. Estamos consagrados, como nación, al Santísimo Sacramento desde el 2 de Julio de 1899, en acto promovido por Monseñor Juan Bautista Castro. No hay protección más segura.

El cardenal Urosa, con su declaración, ha precisado la recta final de este infernal trayecto: la guerra del gobierno contra el pueblo. Pero el contenido del diario de la vidente de Fátima señala el final, en verdad escalofriante: “su caída será terrible y terrible será la Sentencia Divina, que caerá sobre él”.