Gracias por todo Ruperta

Minea / Cortesía / Referencia

Las autoridades de INPARQUES confirmaron la muerte de Ruperta, la emblemática elefanta del Zoológico de Caricuao en Caracas.

Fuimos muchos los que tuvimos el placer de conocerla, alegrándonos con las ocurrencias propias de uno de los mamíferos más inteligentes del planeta, gracias al gran tamaño de sus cerebros. También padecimos sus enfermedades y achaques, al igual que fuimos testigos de su lamentable pérdida de peso y evidentes signos de debilidad.

Pese a que algunos expertos aseguran que no es frecuente que los elefantes sobrevivan en un zoológico más de 25 o 30 años, Ruperta llegó a los 48, aunque no en las mejores condiciones durante la última década.

De origen africano, Ruperta supo adaptarse a Venezuela. Recuerdo que usaba su trompa como si fuera una “mano”, agarrando objetos pesados como troncos. Llevarse la comida a la boca era un acto de admirable precisión.

En Caricuao nunca faltaron los baños de agua y polvo que más de una vez alcanzaron a los visitantes. Sin dudas, Ruperta se divertía, aunque se encontrara en cautiverio.

La elefanta Ruperta también era un referente de la situación de Venezuela. La falta de alimentos, vitaminas y medicinas, llegó a afectar su salud con cierta recurrencia. Recordemos que los elefantes son completamente herbívoros, y comen en promedio, alrededor de 200 kg de vegetación diariamente, la cual es en gran parte defecada, pues no la digieren por completo. Además, requieren de medicinas especializadas y de complementos alimenticios en estricta observancia veterinaria.

Al igual que muchos venezolanos, otro padecimiento de Ruperta fue siempre el agua. Para que tengan una idea, un elefante adulto requiere alrededor de 175 litros al día, y la zona donde se encuentra el Zoológico ha llegado a experimentar hasta dos semanas sin el vital líquido.

Como visitante del Zoológico, fui testigo de los buenos cuidados que recibía. Sin embargo, no puedo dar fe del mismo trato en los últimos años, pues no pude visitarla, aunque me hubiese encantado despedirme.

Afortunadamente, la popularidad de Ruperta siempre le ayudó a no estar sola, y ante sus situaciones críticas de salud, lograba centrar la atención pública en su extraordinario carácter y piel gruesa color gris pardo.

Algunos funcionarios del mismo parque, visitantes, ONG, medios de comunicación y hasta vecinos del área, siempre fuimos sus defensores. Sus casi 2.8 metros de altura y alrededor de 3 toneladas, frecuentemente contaban con aliados.

Ojalá la muerte de Ruperta sirva para valorar mejor nuestra naturaleza, y en particular, del rol que pueden llegar a jugar los zoológicos en la conservación de la biodiversidad, cuando son bien gestionados, con criterios técnicos de vanguardia, y no simplemente como parques con jaulas.

Gracias Ruperta por ser parte de nuestras vidas durante tanto tiempo. Si existe un cielo de elefantes, ojalá estes allí.