Fotógrafos de Venezuela | Marhú Mc Cormick: La fotografía como bitácora personal

 Marhú Mc Cormick
Marhú Mc Cormick

Globovisión presenta la serie Fotógrafos de Venezuela, en esta ocasión la artista Marhú Mc Cormick exhibe "La Fotografía como Bitácora Personal".

Estaba en una práctica con sus alumnos de fotografía en el Cieca, escuela de fotografía donde se graduaría años antes. Fueron menos estudiantes, se retiraron temprano y quedó el estudio para ella sola. Vio su cámara, recordando el curso de erotismo y cotidianidad que hizo con Gala Garrido. Se asomó desde la puerta, gritó “¡que nadie pase!”, la cerró y aseguró con una escalera, una silla y lo que encontró.

Se quitó la ropa, montó el trípode y, con el control en mano, se dejó libre y comenzó a disparar. Eliminó el 85% de las fotos. Al resto, las fusionaría más tarde con otras.

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–Conozco personas que cuando se sienten perdidas, abren una hoja al azar de la Biblia, la leen y encuentran una respuesta. Eso hago yo con la poesía. A lo mejor no en el título, pero siempre lo que me ayuda a darle forma a mis proyectos es la poesía.

“Cada cuerpo tiene/su armonía y/su desarmonía. /En algunos casos/ la suma de armonías/ puede ser casi/ empalagosa. / En otros/ el conjunto/ de desarmonías/ produce algo mejor que la belleza.” Poema Teoría de conjuntos, de Mario Benedetti.

Tiene colgada su foto Desalojos, la consentida de su serie Teoría de Conjuntos, en una pared de su apartamento en Barquisimeto, la ciudad donde nació. Está al alcance de su vista, para que no se le olvide los procesos personales que representa y se encuentra al lado de su espejo “para no verse”.

– ¿La imagen superpuesta cuál es?

– Es una acuarela de Chirinos. En cada trabajo que hago saco al menos una foto para mí, que no cumple con lo que requiere el trabajo, pero la guardo para mi archivo autoral.

Ese trabajo fue participar en el equipo que haría el libro Lara, mi museo imaginario, del artista Jesús Pernalete Túa. Era el año 2015, en Barquisimeto, Marhú ganaba el segundo lugar en el 1er Salón de Fotografía Carlos Eduardo López, del Instituto Municipal de Cultura y Arte de Iribarren (IMCA), con unas fotografías que hizo a la bailarina Isabel Barrios.

La noticia sale en la prensa, Jesús la ve y contacta a Marhú. La felicita e invita a una reunión del equipo al siguiente día. Ella asiste y así entra al proyecto voluntariamente.

– Trabajar con artistas plásticos e ir a sus talleres para tomarles fotos, hizo que me diera cuenta que en Barquisimeto a los fotógrafos nos veían como técnicos. Que la gente pensaba en comprar pinturas o esculturas pero, ¿una foto? No, para nada. Un día llevo a mis hijos a la Escuelita de Arte, y veo la Galería Villalón que queda al lado. Entré y la exploré. En ese momento me planteé como misión personal, promover la fotografía como objeto artístico en Barquisimeto.

De ahí, en el bautizo del libro de Pernalete Túa, Marhú le plantea a Jeysa Villalón, directora de la galería, organizar en conjunto un Salón de Fotografía Artística. Todo en la cabeza de Marhú, como excusa para ver fotos expuestas en la Galería Villalón. También le plantea el proyecto a Isabel Caroto, la directora del Cieca. Ambas aceptan y las tres se reúnen.

–Ellas no se conocían y resulta que de ahí nació una amistad hermosa, la Fundación Larense para las Artes, y el Certamen Nacional de Fotografía Artística GAMA, en el 2016. Este año queremos transformarlo en Bienal, aunque esas cosas en este país son como un parto laborioso, estamos buscando apoyo para lograrlo.

Confiesa que colgó su cámara durante su gestión como presidenta del IMCA. Desde junio del 2016 al agosto del 2017, no disparó ni una foto. Cuando dejó de ejercer como funcionaria pública, le costó retomar la fotografía, no por ejercicio, sino por referencias.

– Me costó desvincularme. Hasta que dije que sigo siendo “Marhú Cultura” y también fotógrafa. En los perfiles de Instagram de fotógrafos, ves fotos de su trabajo, no tienen que explicar que esas fotos son suyas. En el mío @marhu encuentras flyers, exposiciones, eventos… porque esa soy yo. Soy fotógrafa, pero no es lo único que me define.

Su labor siempre ha sido por la ciudad. Por Barquisimeto. Cuando asiste a un evento fuera de la ciudad, o ve algún artista de otro estado, piensa “¿cómo lo traigo para Barquisimeto?”. De ese andar por la ciudad, cuenta que no es de salir a tomar fotos y ver qué encuentra. Cuando está en la calle, y ve algo que quiere fotografiar, lo anota. 

Tiene libretas para cada cosa: asuntos culturares, notas de estudio o ideas para fotografías. Las lleva en su cartera, junto a distintos juguetes de sus burusos (así llama a sus hijos).

Vio al pasar por una curva de la ciudad, una pared. Dio la vuelta, y se estacionó para verla mejor. Allí descubrió retazos de lo que vivió la ciudad en ese último año. Las paredes seguían gritando los hechos y decidió registrar sus testimonios. Era la primera vez que tomaba fotos de la ciudad.

– Y la ciudad de alguna manera es autobiográfico, porque mi vida se conectó con ella y sigue acá. Me até a la ciudad y sigo aquí. Aunque la foto sea de la ciudad, es acerca de mi.

En la parte profesional, Marhú ha trabajado con gastronomía y retratos. Uno de sus trabajos más recientes, ha sido junto al Restaurante La Gloria. Empezó con ellos en febrero de este año, 2018. Se sentó con el chef Pedro Escalona, y le pidió que le hablara sobre los sabores distintivos y toda la experiencia gastronómica. Tomó nota en sus libretas y comenzó a pensar en el concepto.

– Tienen una coctelería muy interesante. Tienen uno que se llama Oreganata. Lo sirven, y a un lado donde ponen orégano, prenden un pedacito de carbón, lo meten ahí y lo tapan con una cúpula de vidrio, entonces ese sabor de orégano ahumado impregna el trago. Es divino. Hice fotos de los bartenders haciendo todo el proceso, del trago final servido... de la cocina, de los ingredientes más importantes, del ambiente.

Las fotos son doradas, todo se ve como en la gloria. Marhú imagina que el cielo debe oler a sofrito. No se considera una fotógrafa de gastronomía, cree que hay muchos mejores que ella, pero adora hacer este tipo de fotografía porque su amor por la comida es muy sincero. No es algo que ha buscado, sino que se ha dado solo.

– Es un tema de empatía. Uno debe conectarse con la pasión del otro por su proyecto, y en este caso, es gastronómico. Ahora estoy iniciando otro proyecto con la posada Altos de Veracruz en Sanare y también se trata de mostrar la pasión que esa familia ha puesto en cada detalle.

Marhú ahora lleva el cabello corto y rosado. Ya no usa tanto sus lentes. No le echa azúcar al café, y se considera una fotógrafa emergente. No solo quiere mostrar más lo que hace, exponer más, sino que está explorando potenciar sus imágenes con otros lenguajes o formatos.

– Sigo con la exploración, pero ya teniendo un lenguaje estético más claro. Sin miedo a jugar o romper mis esquemas. Las fronteras entre las artes se han diluido y eso es buenísimo. Ya no estoy tan enfocada en la luz o el dominio técnico, estoy en la búsqueda de otros códigos que complementen mi mensaje.

Su trabajo autoral seguirá siendo autobiográfico, desde su propia construcción de identidad femenina. Esto seguramente lo irá profundizando, pues le apasiona el tema de equidad de género y el empoderamiento femenino, además de la construcción de ciudadanía. Son intereses que casi rayan en la obsesión. Marhú, aunque a simple vista no lo pareciera, es obsesiva. Obsesiva por la luz, el movimiento y lo femenino. 

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