Fábula Cotidiana: La Ciencia y la Risa

Dos semanas antes de morir Stephen Hawking culmino una investigación para descifrar la existencia de “universos paralelos” para el Instituto de Física Teórica de Lovaina (Bélgica). El 14 de marzo del 2018 se conoció una noticia escueta, sin mayores detalles tratándose de una de las personalidades más conocidas y controvertidas del mundo: “Stephen Hawking a los 76 años expiro en paz en su casa de Cambridge”. Desde 1964 después de sufrir una enfermedad neurodegenerativa debió usar por el resto de sus años un sintetizador de voz la cual luego habría de hacerse habitual en recurrentes y recordadas incursiones humorísticas.

Hawking supo combinar la paciencia y el rigor de sus estudios cosmológicos con el uso del humor y el manejo de la imagen en los ajetreos mediáticos de los nuevos tiempos. Fuera del laboratorio fueron celebradas sus actuaciones en las series televisivas “Los Simpson” “Futurama” o “The Big Bang Theory” así como sus frecuentes ocurrencias como la celebración en 2009 de una fiesta generosa en canapés, copas de champaña y globos multicolores bajo una gigantesca pancarta que rezaba: “Bienvenidos, viajeros del tiempo”, Y no menos celebrado fue el episodio cuando en los años setenta Carlos Príncipe de Gales en una celebración e intrigado por la agilidad en el manejo de su silla de ruedas le pregunto intrigado ¿cómo podía hacerlo? Hawking guardo silencio, dio unas vueltas acrobáticas y pasó por encima de sus pies.

El científico y explorador del cosmos enriqueció la “Teoría de la Relatividad” y estableció que el espacio y el tiempo han de tener un principio en el Big Bang y un final dentro de los “agujeros negros”; así como muchas de sus investigaciones quedan registradas en textos de obligada consulta como: “Breve historia del tiempo” y “Brevísima historia del tiempo” una versión para consumo masivo que aun rompe record de ventas. A partir de ahora, las cenizas de Stephen Hawking descansaran junto a los restos de sus inspiradores Isaac Newton (1727) y Charles Darwin (1882) así como diecisiete monarcas y las figuras más importantes de la historia británica, en la quieta espesura de la Abadía de Westminster. Como diría Chaplin “la ciencia no es ajena a la risa”.