Ezequiel Zamora fue asesinado por su propia gente

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Acusado de enemigo visceral de quienes tenían tierras y ganado, de cuatrero y traficante de indios y esclavos, de “quienes supieran leer y escribir”, el general Ezequiel Zamora encabezó el ejército liberal que aspiraba sacar a los oligarcas o godos del poder y desarrollar una reforma agraria para repartir haciendas, hatos y fundos entre los pobres. Fue asesinado en el sitio a San Carlos el 10 de enero de 1860, con un tiro en un ojo.

Lo acompañaban en el mando del ejército liberal de bandera amarilla su cuñado el general Juan Crisóstomo Falcón y el general Antonio Guzmán Blanco y se ha señalado que entre ellos dos está el autor intelectual de su muerte.

Casado con Estefanía Falcón, Zamora se había convertido en líder popular en sus predios de Villa de Cura donde tenía una bodega. Era valiente, tenía la constancia, la firmeza de convicciones y sólidos conocimientos del liberalismo sorbido en las páginas de El Venezolano, periódico fundado por Tomás Lander y Antonio Leocadio Guzmán.

Las desavenencias entre liberales y conservadores condujeron a la guerra federal, guerra larga o de los cinco años. Se ha dicho que aupado por Zamora, exilado en Curazao, al grito de ¡Federación! comenzó en Coro la rebelión el 20 de febrero de 1859. De inmediato desembarcó en la Vela de Coro como jefe de operaciones y comenzó una veloz carrera militar compartiendo la jefatura con el general Falcón.

Atrevido estratega Zamora tenía diferencias con su cuñado en la conducción de la lucha y el manejo de las tropas. Lo consideraba un inepto y eran frecuentes los choques por lo que al final “el general de hombres libres” desconoció el mando de Falcón.

Destacados venezolanos han tocado el tema de la Guerra Federal y la muerte de Zamora. En carta desde París el 13 de septiembre de 1904 el historiador barquisimetano José Gil Fortoul –quien escribía su “Historia Constitucional de Venezuela” – comenta al sabio tocuyano Lisandro Alvarado, autor de “Historia de la Revolución Federal en Venezuela” que “la responsabilidad de la muerte de Zamora me parece todavía un punto muy controvertible, a pesar de cuanto se ha escrito. Que Guzmán, hombre previsor y planes a largo plazo, desease la muerte del caudillo, es cosa verosímil, o suposición plausiva. Pero para creer que fue autor o cómplice, se necesitan pruebas mejores que las alusivas hasta ahora. Respecto de los restos llevados al panteón, puede ya afirmarse rotundamente que son falsos”.

En su libro “Por aquí pasó Zamora” el médico e historiador barinés José León Tapia contó que su tío abuelo Jesús María Encinoso, miembro del ejército liberal le refirió que Guzmán Blanco recibió en sus brazos el cadáver de Zamora y fue responsable de sepultarlo en lugar secreto.

Federico Brito Figueroa en su libro “Tiempo de Ezequiel Zamora” asegura que en la torre de la iglesia estaba apostado el sargento Morón, guardaespaldas de Falcón, quien utilizando un rifle de su jefe fue el autor del disparo.

Su enemigo el escritor Juan Vicente González escribió el 31 de enero de 1860 en El Heraldo: “Bala afortunada: Bendita la mano que la dirigió”.