Es la educación, estúpido

El pasado fin de semana copresidí la graduación 2018 de Millennia Atlantic University en Miami. Frente a mí, jóvenes de 16 países entre ellos medio centenar de venezolanos.

Tras el desfile ceremonial, el juramento a la bandera de los Estados Unidos - “bajo Dios, indivisible, con libertad y justicia para todos”- luego el himno interpretado por la graduada Morgan Duzoglou, nacida en Nigeria, y de seguida el discurso del alcalde Juan Carlos Bermúdez quien con apenas tres años de edad, de la mano de sus padres, abandonó Cuba.

La colombiana Erika Velásquez, suma cum laude, habló en representación de los graduados, resaltando los retos que significó adaptarse a “un nuevo país, un nuevo idioma, una nueva cultura”.

Gonzalo Rodríguez, profesor de nuestro MBA, dos veces doctor y como el alcalde, cubano de nacimiento, ofreció la clase magistral dibujando el mundo que viene marcado por las innovaciones tecnológicas sin olvidar evocar sus tiempos de estudiante en La Habana caminando kilómetros en “chancletas mete dedo” para ir a la escuela o su dramática travesía en balsa, cuando la crisis de Mariel, hasta pisar tierra en Florida.

Duzoglou, Bermúdez, Velásquez y Rodríguez, como buena parte de los graduados están unidos por un sino común: originariamente extranjeros cosechan logros en un país distinto al suyo en mayor medida atribuibles a la formación que exhiben, a la educación que han recibido.

Acuñada por James Carville, asesor de Bill Clinton en la campaña presidencial americana de 1992, la frase “¡Es la economía, estúpido!” ha sido por años la síntesis más cruda de la incidencia de factores como crecimiento, inflación o empleo a la hora de votar en varias latitudes. Sin embargo, disfrutando del desfile de orgullosos graduados y las muy emotivas intervenciones fortalezco mi convicción que es la educación lo que hace trascender a un ser humano y grande a un país.

Me doy un toque en la frente y pienso: “No lo olvides, es la educación, estúpido”.

En el caso de Venezuela ni se diga. Con docentes recibiendo salarios de hambre, estudiantes desertando de las aulas, edificaciones derruidas, laboratorios y plataformas obsoletas, métodos de enseñanza en desuso, casi inexistente investigación, innovación e intercambios internacionales, poca colaboración interinstitucional, disminución en las exigencias, no será posible la reconstrucción de la nación sin que se entienda en cualquier proyecto de país que nada más importante que la educación.

El alcalde Bermúdez, en sus palabras, citó a Michael Jordan: “Algunas personas quieren que algo ocurra, otras sueñan con que pasará, otras hacen que suceda”. Hay que ver cuán larga es por aquí la lista de los que quieren o sueñan pero nada hacen porque cambie el estado de cosas.

A los que estamos dispuestos a hacer, o más en propiedad ha seguir haciendo para que la democracia sea plena, tengamos presente siempre una vieja frase de Roosevelt: “La verdadera salvaguardia de la democracia es la educación”. 

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