En su primer centenario llegó la hora de honrar a Hermann Garmendia

El busto erigido a Hermann Garmendia en la avenida que lleva su nombre en una primera ocasión fue desfigurado y le destrozaron la nariz. Tiempo después desapareció. Tenía tan poco parecido con la verdadera imagen del periodista que quizás fue una venganza ante tal pieza que parecía comprada en una tienda de bustos de alguna escuela de aprendices de escultura.

El próximo 7 de junio se cumplen cien años del nacimiento en Barquisimeto, en 1917 de este periodista, escritor, humorista, crítico de arte, historiador y Cronista Oficial de Barquisimeto entre 1967 y 1990, quien nos legó importantes páginas sobre la vida de la ciudad desde su fundación y su historia, además de otras sobre filosofía, arte, poesía, música, teatro, danza y cine y la ocasión es oportuna para hacerle una nueva estatua y rendirle muchos otros honores muy merecidos.

Sobre Garmendia escribió otro Cronista de la Ciudad, Ramón Querales: “Amaba la escritura llana mediante la cual expresaba su apasionado deseo de llegar a las más amplias capas de la población para entregarles los vastos conocimientos que poseía tomados de los libros y experimentados de su propio vivir. Profundizó en la sabiduría que dimana del pueblo y fue también acucioso folklorista, como tal nos entregó ricas páginas sobre las costumbres y usos del pueblo larense en crónicas salpicadas de buen humor y decir elegante”.

Su columna “El camino y el espejo” publicada por años primero en El Impulso y después en El Informador, diarios de Barquisimeto, era espacio de necesaria consulta para sus lectores quienes la apreciaron como “fuente inestimable y culta de información y aprendizaje”, como la calificó Querales quien recordó también la publicación los lunes de la “Reseña de la Añoranza, polifacético reportaje fotográfico de la vida y milagro de la ciudad de todos los tiempos”.

Garmendia desarrolló una labor altamente meritoria como cronista de la ciudad en tiempos cuando no contaba con los recursos presupuestarios, técnicos ni apoyo de personal de la oficina actual y fue gracias a su gestión personal como logró la publicación de importantes trabajos donde destacó su labor de investigación como activo y agudo periodista.

Su sobrina política Gisela Díaz lo describe como “un hombre delgado y alto, que siempre vestía de traje y corbata. Sólo conversaba de temas que le interesaran, que estimularan su talento. Era una delicia escucharlo, mezclaba hechos históricos con humor y sabiduría, de esa que sólo sabe transmitir quien posee una mente aguda”. También destaca sus buenos modales, “un finísimo sentido del humor” y su vínculo familiar con su hermano menor más reconocido como escritor y hombre del cine y la televisión, Salvador Garmendia.

Hemos propuesto al alcalde honrar con su nombre la llamada torpemente Casa Eustoquio Gómez para quitarle el nombre de un representante de la dictadura de su primo Juan Vicente Gómez y darle el de quien representa el sentir y la inteligencia de los larenses, además de reconocer al cuarto Cronista Oficial de Barquisimeto, quien nos legó un valioso aporte sobre la ciudad, su gente y su historia.