En el vórtice del absurdo

EFE

Según los reportes, ayer domingo en la mañana unas 37 mil personas cruzaron la frontera a pie hacia Cúcuta en busca de alimentos y medicinas. Suponemos que no era por hacer jogging o practicar el salto largo. Fue por necesidad. En este país, por primera vez, no se dan los tres, ni siquiera dos de los golpes diarios. Una cantidad considerable de venezolanos revela comer una vez por día. Otra cantidad lamentablemente respetable, sobre todo niños, están pasando a la franca desnutrición. Gente debidamente empleada, con recursos para comprar, no puede hacerlo. No hay. O las interminables colas impiden que un trabajador de nómina deje su labor para pasar el tiempo haciendo una fila para adquirir un litro de aceite o un kilo de harina precocida. Y ni hablar del ausentismo laboral a otros niveles “para ir a bachaquear”.

Es la Cuba de 50 años con una élite militar-revolucionaria comiendo y viviendo bien y un pueblo dramáticamente racionado y sometido a la indignidad y al abuso. Es el decreto de hambre de Chávez cuando asomó que perfectamente se podía comer una vez al día. O cuando resolvió que por la revolución había que pasar hambre si era necesario. O cuando recomendó los famosos huertos hogareños o los gallineros verticales. Lo que sonaba a burla en realidad escondía un pérfido plan cuyas consecuencias estamos viendo. Por eso es que los funcionarios del régimen declaran a boque’jarro que aquí hay de todo, que las colas son culpa de otro y que, en todo caso, la gente está feliz bajo el sol y el agua esperando por una miseria cada vez más cara. Nada es casual. Tampoco sorpresa. Es ignominia aceptada e instalada.

El otro día presencié una larga línea de personas, bajo el sol del mediodía, apostados en las afueras de una panadería. El objetivo era comprar una canilla, pues no vendían más. Canillas que, ahora sí, hacen honor a su nombre. Saben a poco, no pesan nada y se han estrechado. Dos largas horas tomaba llegar hasta el dependiente. ¿Cuánto tiempo tomaría el consumirla? Pan pa’ hoy y hambre pa’ dentro de un ratico. Estamos en el vórtice del absurdo.

Otra forma de humillación, que es la base de la dominación. Cuando uno se aprecia tan poco que permite al gobierno colocarlo en situación de mendigo que es capaz de lo que sea por un mendrugo, es presa fácil para marcarla –como ganado- con el sello de la conformidad.

¿Por qué el gobierno no termina de aceptar la ayuda humanitaria y permite, no obstante, el paso de la frontera? Las imponentes gráficas de ese gentío cruzando el puente, no es aceptar que el desabastecimiento y la pavorosa escasez, que han venido negando, es una contundente realidad. El espectáculo de la gente pasando en rumas por comida y medicinas, cual si se tratara de la huida de Aleppo, está en el radar del mundo entero. ¿Eso es que se les fue un gazapo? Un país petrolero no es capaz de abastecer a su propia gente. Mayor bochorno!, dirían los orientales.

Bueno, eso es justamente lo que se pretende. Vergüenza, pena ajena, que la gente soporte agravios, que pase la frontera cuando al gobierno le venga en gana y aguante las carencias a palo seco el resto del tiempo. Es como aquella forma de tortura que el candidato Trump confesó que le gustaba, consistente en asfixiar sin llegar a matar. Un poco alude al muy conocido relato de la rana en el agua tibia.

Aceptar la ayuda internacional no es, como muchos suponen, aceptar el propio fracaso. No es eso lo que al gobierno mortifica. Esa ayuda aportaría un poco de dignidad a un pueblo humillado. Es aliviar y aplacar la necesidad. Es devolver un poquito de esperanza a una sociedad apaleada. Es subir la parada a una nación inerme. Y eso es lo que no se tolera.

El que lo haga la Iglesia es la única garantía de que la ayuda llegue, de que no la esquilmen, de que no se la merienden y repartan a discreción, de que no la dejen vencer ni podrir como cualquier Pdval, de que no la otorguen contra carnet del Psuv, como hacen los Clap. Se trata de que pierdas el norte, que bajes la cabeza sin notar que la bajas. Cuando vengas a ver, tienes la bota sobre la nuca.

Es preciso hacernos conscientes de los mecanismos de control de la psiquis que estos regímenes aplican con maestría y perversidad. No lo escucharán en el discurso político, ni quiera opositor pues muchos de ellos ni los comprenden ni están a salvo de sus efectos.

La ayuda humanitaria, es bueno tener en cuenta, no se activa solo en ocasión de desastres naturales. Es asistencia diseñada para salvar vidas, aliviar el sufrimiento y mantener y proteger la dignidad humana, en prevención o en situaciones de emergencia. El objetivo es atender las necesidades básicas e inmediatas de la población.

Al respecto, el paso por la frontera fue de una elocuencia brutal.