Tiempos de cambio: En deuda con la juventud

Referencial

Ayer fue el Día de la Juventud, y mas que hablar de la gesta heroica encabezada por José Félix Rivas, que contribuyó decididamente a la causa de la independencia, y que siempre debe rememorarse, es pertinente ocuparnos no solo del presente sino también del futuro de nuestros jóvenes.

Es un tema sensible, doloroso, porque el presente de los jóvenes de hoy, indistintamente de sus posiciones políticas, es duro, difícil. Por supuesto, los muchachos y muchachas de familias con mayor poder adquisitivo tienen más recursos y posibilidades de sortear las dificultades que hoy se convierten en trabas insalvables para la mayoría. Pero aún así muchos se han ido del país, buscando nuevos horizontes, sin que por ello deban ser juzgados, estigmatizados ni mucho menos criminalizados como enemigos de la patria o cualquiera de esas sandeces que algunos gustan de disparar irresponsablemente .

A numerosos venezolanos entre 18 y 30 años los vemos en el exterior apostando a una vida mejor. Unos estudiando. Otros son profesionales que han tenido la fortuna de conseguir un empleo acorde a sus conocimientos y experiencias. Pero también hemos visto médicos atendiendo barras de restaurantes, como me ocurrió en Ecuador, ingenieros manejando taxis, abogados haciendo comida para sobrevivir. Y también hay muchos que no tienen profesión definida y se las arreglan como valet parking, vendedores en centros comerciales o supermercados, empleados domésticos y un sin fin de ocupaciones, no solo en Estados Unidos sino también en naciones vecinas.

Son tan venezolanos y quieren tanto a Venezuela como los que aquí viven. Seguramente en la mayoría de ellos se anida el deseo de volver al país cuando las cosas mejoren. Otros dicen haber quemado las naves y no querer regresar. En esta materia no hay palabras definitivas, por mucho que se jure que " nunca me iré" o " nunca regresaré". En algunos casos el fracaso se les aparece y se ven obligados a volver a esta tierra, en la cual, más allá de la retórica, ejercer la condición de joven es una quimera.

La pobreza se nutre de una juventud que carece de empleos productivos, que sobrevive en la economía informal, que crece en medio de la influencia del narcotráfico y de otra "opciones" de supuesta riqueza fácil. Sin embargo, muchos de nuestros jóvenes vienen de los sectores más empobrecidos y logran dar un milagroso salto, gracias a la formación del hogar, y también al empeño personal. La educación, la igual que el deporte ha sido un aliado indudable, pero también se ha debilitado como opción. Es indiscutible que ha bajado de nivel, que debe crecer no solo la inversión sino la investigación para fortalecer el hecho educativo.

Son fundamentalmente jóvenes quienes cometen delitos, roban, secuestran o matan por un celular, un par de zapatos, una cartera, un reloj o una mala mirada. También sus víctimas mayoritariamente pertenecen a la juventud, esa categoría social que ayer era exaltada con los mismos discursos y las mismas promesas de siempre . Y ni hablar de la población de nuestras cárceles. Allí vemos una juventud hacinada, envilecida, viviendo o sobreviviendo como animales que no tienen otro destino sino el matadero.

También los jóvenes profesionales subsisten con salarios que no dan ni para soñar. Apenas para sobrevivir en una economía absolutamente caotizada y distorsionada. El paradigma de estudiar y formarse para ser alguien y tener opción de crear una familia ha venido desmoronándose.

Tenemos una responsabilidad inmensa con la juventud. Tenemos que rendirle cuentas por nuestros errores, omisiones y falta de compromiso con su presente y su futuro. Y sobre todo sentar las bases para que Venezuela se convierta en un país de oportunidades para los jóvenes de hoy y para los que vienen en camino. Con un modelo económico que privilegie el emprendimiento, con un mayor respeto por el conocimiento y la investigación, y con una práctica política que fortalezca el libre debate de las ideas y la formación de un ciudadano crítico. Pero sobre todo dandole un peso fundamental a todas las iniciativas que fortalezcan el trabajo y la educación como espacios superiores de realización del ser humano.

La deuda externa venezolana es nada comparada con la deuda que no le hemos cancelado a nuestra juventud . Y de ese debate casi todos estamos ausentes.