Emigrantes y deportados

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Es rutina en estos tiempos ver a nuestra gente salir de Venezuela, en busca de oportunidades. Es triste mirar a los hijos de emigrantes, dando un paso atrás. Los emigrantes y sus hijos; yo por ejemplo, hemos vivido con una historia permanente, “la salida y la llegada” a esta Tierra de Gracia, por qué no decirlo, cada quien con su película; en nuestro caso por temas políticos, otros por hambre y así sucesivamente.

El emigrante y su próxima generación se convierten en “ciudadanos de nadie”; de donde salieron ya se desenraizaron y, a donde llegaron, serán “Musius”. Por más cálida que sea la acogida, para el emigrante siempre está latente el temor y ese sentimiento de intranquilidad; todo cambia unas generaciones más adelante.

Da pena este éxodo de venezolanos en gran dimensión. Se fueron los profesionales, los económicamente pudientes, parte de la clase media, los intelectuales y ahora, los mas sufridos: los pobres.

El “Muletero”, en su poema “Emigrante” lo describe así: “salen ligeros de equipaje, pero con corazones y aires frescos rumbo a lo desconocido, huyendo de la hambruna y las enfermedades, de gobiernos corruptos y dictadores, y dejan una tierra en el olvido, y ese será su mayor sufrimiento…”.

Quienes hoy llegan a rincones de esa América Latina adormecida, muy desgraciada y mal agradecida, son víctimas del rechazo; inclusive en los países “hermanos”, (Colombia, Argentina, Panamá, Ecuador, Chile, Bolivia o Republica Dominicana, entre otros). Esos países, así como la Aruba del Caribe tienen memoria corta y, vale recordar los millones que Venezuela acogió en su momento y a los muchos a quienes les hemos cubierto necesidades. En ese “grupete” hay algunos que nos han “desangrado”, que se aprovecharon de circunstancias para hurtarnos, con mucha habilidad, nuestro futuro, nuestro petróleo ¿o NO es así? Y, lo peor de todo, nos están deportando.

Los que han optado por ir a los Estados Unidos, sin visado de larga permanencia, peor aún: esos están en el ojo de Mr. Trump y sus políticas, así como de la interpretación a veces caprichosa de las autoridades; ya es común ver a los de emigración en la puerta de los aviones que salen a Venezuela y eso es porque están regresando gente.

Las deportaciones de Venezolanos ya son una práctica común. A Maiquetía llegan, diariamente, personas rechazadas de distintos lugares a quienes se les cortó su sueño; yo conversé con algunos de ellos y la sensación es simplemente “terrible” a ellos se les viene el mundo encima pues han agotado tiempo y oportunidades.Algunos manifiestan el desánimo de seguir viviendo, han perdido algo esencial: la esperanza; también han sacrificado familia, la amistad y muchos renunciaron al amor.

Por ello y mucho mas el plan de los venezolanos debe ser único y esa opción se llama Venezuela.