El Urbicidio

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En Venezuela, antes del zarpazo del socialismo del siglo XXI, las ciudades venían creciendo y la actividad comercial con ellas. Algunas más desordenadas que otras, pero la pujanza era notable. Hoy, basta caminar una calle de cualquier capital para cerciorarse del deterioro y la decadencia. Si algún casco urbano era animado, alegre y tradicionalmente activo era el de Chacao.

El sábado pasado tuvimos ocasión de caminarlo y lo que encontramos fue silencio, santamarías abajo y calles vacías. Un auténtico “urbicidio”. Como vecina de Chacao, de larga data, puedo dar testimonio fiel de esta erosión que no dudo en calificar de intencional.

Qué van a vender, si no hay productos? Cuánta gente está en condiciones de comprar a los precios que suben sin parar? Cómo se puede mantener negocios abiertos con los aumentos salariales indiscriminados, diseñados para cerrar empresas?

Qué derecho tiene un gobierno para deprimir de esta manera la actividad de un país? Hasta dónde hay que soportar una rodada que nos lleva a todos por delante? Por qué los venezolanos tenemos que presenciar, impotentes, la tristeza de nuestras ciudades y la quiebra de comerciantes honestos, a cuya incansable labor deben lo que poseen?

Cuesta entender la inercia a la que hemos enganchado nuestro destino, como si del circular de un carro fúnebre se tratara. Pero sería aventurado cantar victoria. El detalle es que, como es característico de los procesos sociales, las cosas no se dan cuando uno cree que se tienen que dar, sino cuando maduran para ello. Y la mala noticia para los responsables de este destrozo a que ha sido sometido todo el país, es que, cuando la ira y la frustración contenidas –porque esas son acumulativas- se desaten, cobrarán con intereses. Eso irá a la "cuenta por pagar" a tanto honrado trabajador arruinado por esta locura que jamás debíamos llamar gobierno sino tropa de asalto.-