El “Sí” colombiano en Venezuela

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Referencial - EFE

De obtener la mayoría el “Sí” en el plebiscito colombiano del 2 de octubre sobre el Acuerdo de Paz Santos-FARC, ello habrá de tener un impacto fundamental en la política colombiana pero también con efectos en sus vecinos, en particular Venezuela.

Por supuesto, hay que advertir que ello no significaría el cese de las causas que históricamente han generado y alimentan la violencia política y social (ahora convertida en criminal) que afecta al vecino país. 

Las FARC es sin duda emblema de una lucha guerrillera que ha conocido varias etapas hasta convertirse en la más antigua y más completa de América latina y el hecho de que asuma el cese de sus operaciones es una enorme contribución a bajar los conflictos políticos. Santos, por su parte, habría obtenido un notable éxito si se toma en cuenta que al iniciar las conversaciones (justamente él como Ministro de la Defensa de Álvaro Uribe dirigió la etapa más frontal en la lucha antiguerrillera) pocos creyeron que éstas pudieran culminar en coincidencias tomando en cuenta que no se trataba del primer esfuerzo en este sentido.

Más allá de las consecuencias ulteriores del acuerdo, ello repercutirá de manera directa en Venezuela justamente cuando se anuncia que después de varios intentos y negativas la MUD y el gobierno de Maduro iniciarán un proceso de aproximaciones (sería exagerado hablar de diálogo en un escenario distinto) donde existe una severa polarización política que se ha complicado por la catástrofe económica y social, pero que en ningún caso puede compararse a la histórica matanza protagonizada por gobiernos y guerrilleros colombianos.

Resulta obvio entonces que si en el caso colombiano privó la necesidad de garantizar la paz de la población, ¿cómo es que en el país no puedan cristalizar algunas coincidencias que por lo demás son rutinarias en el juego político democrático entre actores en confrontación? En cambio, sin que se advierta mucho donde podrían sentirse efectos a mediano plazo es en la violencia fronteriza colombo-venezolana que ya se extiende al resto del país, alimentada por grupos guerrilleros o puramente delictivos que encontrarían en el territorio nacional un espacio favorable y tentador para sus andanzas criminales.

En dos lecturas: el Acuerdo de Paz Uribe- FARC sería un útil ejemplo para bajar las tensiones políticas, pero podría ser en otro orden un serio estímulo para la violencia delictiva que resulta ya un tema tan importante o que quizás de mayor gravedad, incluso que lo que podría implicar el ya famoso diálogo MUD-Maduro.