Tiempos de cambio: El pecado de ser ex chavista

Vladimir A la 1
Vladimir A la 1 - GV

En días recientes la colega Shirley Varnagy me hizo una entrevista en su programa de radio que se transmite todas las mañana por Onda,107.9. El tema a tratar era un análisis comparativo entre las candidaturas de Nicolás Maduro y Henri Falcón, y por supuesto no pudo faltar en la conversación el origen chavista de ambos, uno el actual jefe de Estado y aspirante a la re elección , y el otro, ex militante del Psuv, ex gobernador de Lara y ahora abanderado de su partido Avanzada Progresista, del MAS y de un sector de Copei.

En medio de esas comparaciones caímos en el caso Francisco Javier Arias Cárdenas, comandante del 4 de febrero, candidato presidencial opositor contra Hugo Chávez en el año 2000, quien luego volviera a las filas del chavismo. Frente a la candidatura de Henri Falcón ya se empiezan a correr toda clase de supuestas verdades absolutas en cuanto a que se trata de la misma historia, y que por lo tanto su condición de ex chavista ya lo hace sospechoso de estar acordado con el gobierno para repetir los pasos de Arias Cárdenas.

Y, como vengo de una historia similar, no pude evitar decirle a Shirley lo que pienso sobre ese tema. Lo primero fue recordar que Chávez ganó en 1998 con 56 por ciento de los votos, es decir, con casi el doble de los sufragios que obtuvo Rafael Caldera en en 1993. Y que luego de su triunfo fueron muchos los dirigentes que dejaron de acompañar al fallecido mandatario, y en distintos momentos.

Recordemos el caso de Luis Miquilena, o el de Pablo Medina, Hiram Gaviria, Felipe Mujica, Ismael García, Eduardo Manuitt, Raúl Isaias Baduel, e incluso Miguel Henrique Otero. Y me incluyo en la lista. Cada quien dejó de acompañar a Chávez con argumentos y en momentos muy particulares . Solo Arias Cárdenas, Didalco Bolívar, William Ojeda y el PPT volvieron al chavismo. Y cada quien con todo el derecho a tomar sus propias decisiones. Allá ellos. En mi caso, sería una pesadilla volver al Psuv .

Pero pretender que todo el que fue simpatizante, militante, funcionario o dirigente del chavismo y haya decidido tomar distancia y asumir posturas críticas es un infiltrado o un quinta columnista es un acto de estupidez política. Como se lo dije a Shirley, hay quienes están propiciando de hecho una especie de limpieza étnica política para marcar con una cruz a quienes vienen, o mejor dicho, vinimos del chavismo y terminamos rompiendo por razones de principio, entre ellas el desconocimiento de hecho de la aporreada Constitución de 1999. Y ahí sí digo que complacen al gobierno, al sembrar cizaña, desconfianza y división.

Aceptar estos argumentos de esa "raza pura" de la política venezolana es hacerle la cama al fascismo, y coincidir de hecho con lo que ha sido práctica cotidiana de este gobierno, la exclusión por disentir, criticar, cuestionar, o simplemente pensar diferente e incluso por tener un origen distinto. Venezuela merece y tiene que ser gobernada con otro criterio. Toda exclusión es antipática y sobre todo antidemocrática.

Se puede estar de acuerdo o no con la decisión de participar en unas elecciones marcadas por la ausencia de todas las condiciones requeridas para ser totalmente limpias , transparentes y equilibradas.

Argumentos para participar abundan, tanto como los que apuntan en la dirección de no hacerlo .De ahí a calificar de vendidos, infiltrados,,tarifados o traidores a quienes decidan llamar a votar o a quienes, por el contrario, promueven la abstención sólo sirve para fomentar la división en una sociedad cada vez más empobrecida, des motivada, harta de politiquería, corrupción, y deseosa de propuestas concretas para superar este terrible momento histórico.

Para que Venezuela pueda reconstruirse hay que forjar una gran unidad nacional. Sin exclusiones derivadas de cualquier forma de sectarismo, sin la pretensión de ser dueños de lo que algunos de forma prepotente llaman " el lado correcto de la historia", o, en el otro extremo, los únicos defensores de la patria.

Dos cosas resaltan en la Venezuela de hoy. La renuencia del gobierno a admitir que su modelo y su forma de dirigir los destinos del país fracasaron estrepitosamente, y la incapacidad de la oposición para presentarse como una alternativa unitaria y coherente. Mientras tanto, la mayoría de los venezolanos sufre, padece y nada en la desesperanza.


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