El parque Ayacucho muestra hoy el más grande abandono de su historia

La primera biografía del Mariscal de Ayacucho la escribió su entrañable amigo el Libertador Simón Bolívar con motivo de los treinta años del héroe y así se lo hizo saber en carta fechada en Lima el 21 de febrero de 1825: “Ahora mismo se está imprimiendo una relación de la vida de usted hecha por mí, en que, cumpliendo con mi conciencia, le doy a usted cuanto merece”.

De obligatoria consulta, el “Resumen sucinto de la vida del General Sucre”, lo llama redentor de los hijos del sol y destructor de las cadenas con que Pizarro envolvió el imperio de los incas. Culmina con el reconocimiento a la victoria que marcó la emancipación peruana: “La posteridad representará a Sucre con un pie en el Pichincha y otro en el Potosí, llevando en sus manos la cuña de Manco – Cápac y contemplando las cadenas del Perú rotas por su espada”.

Esta frase final de la biografía de Sucre estaba inscrita en el monumento al héroe en el Parque Ayacucho de Barquisimeto, pero la desidia y el desinterés como el descuido permitieron que las letras del texto se las robaran, una a una, sin que a nadie le importara, así como la espada del hijo pródigo de Cumaná –como se puede apreciar en la imagen– sustraída del hermoso monumento inaugurado el 17 de diciembre de 1933 por el gobernador de Lara, el tirano general Eustoquio Gómez al cumplirse 25 años del gobierno de su primo, el dictador presidente Juan Vicente Gómez.

Fue una fiesta popular con retretas, fuegos artificiales y la algarabía de los barquisimetanos en lo que antes fuera un terreno destinado por el concejo municipal al oeste de la calle del Cuartel Nacional, para establecer allí el parque con motivo del centenario de la Batalla de Ayacucho. Fue decretado por el presidente de Lara, general Rafael María Velazco, para el nueve de diciembre de 1.924, quien colocó la primera piedra para la construcción pero de allí no pasó hasta la llegada de don Eustoquio, como lo llamaban los jalabolas, quien tras la revisión de los planos decretó su construcción el 17 de diciembre de 1.930, obra del arquitecto francés Roland Coultrox y barata mano de obra de los presos “a punta de pico y pala”.

Un militar se robó impunemente los querubines de las fuentes y algunos bancos de mármol de Carrara, hace tiempo desaparecieron los equipos de sonido y la espada gloriosa que rompiera las cadenas de Perú, como escribió Bolívar, se la partieron sin que a nadie le importara. Vale aclarar que la palabra correcta es cuña, porque se refiere a tradiciones peruanas y Manco - Cápac y su hermana Mama Ocllo recibieron de los dioses la cuña de oro y la misión de civilizar a su pueblo y establecerse donde aquel taco dorado se hundiese en la tierra y esto ocurrió en la llanura donde Cuzco fue fundada.

Una funcionaria municipal se molestó porque critiqué al alcalde Alfredo Ramos por abrir una clínica popular en el norte, asunto que no es de su competencia según la Ley Orgánica del Poder Público Municipal, pero el ornato y cuidado de las plazas sí. En la Constitución están previstas para este año elecciones para autoridades locales y más allá del caprichoso manejo del CNE de los cronogramas electorales, en el ámbito populista, sabemos que los enfermos con sus familias votan y las estatuas y bustos no.