El país mide a los dirigentes políticos

Referencial

En estos días donde el diálogo aparece repentino, se logra involucrar al Vaticano por petición general, los venezolanos estamos expectantes de ello; medimos cada quien desde su espacio a los dirigentes de uno y otro lado.

El diálogo en momentos de conflicto es lo usual, entonces de ninguna manera hay que desestimarlo y mucho menos desaprovechar la honorabilidad de un interlocutor tan válido, como lo es en este caso el Papa Francisco.

En el medio de las peores situaciones de la historia contemporánea en el mundo, las partes en disputa siempre tuvieron abiertos los canales de comunicación, en menor o mayor escala; en Venezuela también los hubo, al igual que entre palestinos e israelíes, rusos y norteamericanos, entre otros.

Es de suma importancia recordar que muchas veces, al transcurrir el tiempo las partes encontradas resuelven en desventaja y peores condiciones a las que, en el pasado, les fueron propuestas.

Hay principios fundamentarles que deben de atenderse ante estas oportunidades: Entender que los espacios perdidos no son recuperables; las treguas son indispensables; tener visión a corto, mediano y largo plazo; deben de haber concesiones; hay que evitar crear falsas expectativas; apoyarse en los puntos de encuentro, y por último, es fundamental que se identifique a un vocero autorizado de cada parte.

En el caso particular de este momento histórico para Venezuela, en el medio de esta crisis política, económica, moral y social, los políticos tienen que medir muy bien el contenido de sus mensajes y el momento de hacerlos público; se debe de actuar con pragmatismo y aislar la subjetividad. Los discursos también deben de estar dirigidos a lo interno de cada grupo.

No debe de subestimarse, la cantidad que apoya a cada opción o tendencia, en el caso de este país tampoco a los que son menos pero tienen el poder, pues un 20% de aceptación en unas condiciones económicas tan precarias no es despreciable.

Las partes deben de comprender que ninguna de ellas va a desaparecer, quienes son oposición podrán ser Gobierno en su momento, y los otros podrán pasar a ser oposición y esto es así en todas las democracias, hasta en las imperfectas, como lo es la nuestra.

Las descalificaciones entre las partes en este momento juegan en contra de quienes las profieren y la crítica grosera a los interlocutores se traduce en una actitud estúpida y una gran aberración; ni hablar de las aventuras: eso sí que sería lamentable.

A los mediadores, o facilitadores, no hay que contarles la historia pues ellos están muy claros en el asunto; por eso están aquí. No vienen de turismo, pero tampoco tienen una varita mágica; son simples identificadores de las herramientas adecuadas y a veces actúan como muros de contención, cuando algunos pierden las esperanzas.

Ojalá que los actores puedan captar el momento histórico y el tamaño de la responsabilidad; por lo menos que manejen la idea de que hay millones que están evaluándolos.

No hay una salida distinta a cualquier crisis que no tenga un denominador común, que no es otro que el necesario ENTENDIMIENTO entre las partes.