El hecho de tomar el poder por las armas no justifica que no se le pueda dejar sino por las armas

“El hecho de tomar el poder por las armas no justifica que no se le pueda dejar sino por las armas”. Fue el claro mensaje que el Cardenal Laurent Monsengwo envió al poder de Kingshasa. En su homilía en la Misa de Navidad igualmente ofreció un respaldo a los jóvenes que activan en los movimientos de reivindicación ciudadana y política.

“Es más fácil matar que no matar. Más fácil ceder a la violencia que resistir a la fuerza. Es más impresionante ser “artesano” de la violencia. No hay grandeza alguna en manipular las armas para asesinar. El hecho de tomar el poder por las armas no justifica que no se le pueda dejar sino por las armas. Han vuelto los tiempos en que tomábamos el poder por las armas. Han regresado los tiempos en que buscábamos conservar el poder a través de las armas, matando al propio pueblo. Los jóvenes no reclaman sino su derecho a vivir un poco más dignamente! Pero, alerta hermanas y hermanos, pues aquellos que matan con la espada morirán por la espada”. Eso fue exactamente lo que dijo Monseñor Monsengwo, según el portal de noticias que divulga la actualidad congolesa-africana @Africa243, el cual circula en francés.

Es en este complejo contexto, la Conferencia Episcopal Nacional del Congo está a punto de concretar un acuerdo político que involucra a gobierno y oposición, el cual deberá desembocar en la organización de una elección presidencial para el año 2017. La retoma de esas reuniones ocurrirá para el próximo día 30 de diciembre.

Los expertos no pueden ser más explícitos en torno al alcance de los conflictos políticos y militares que se avecinan o se incuban en la zona. El Congo es visto como un factor de inestabilidad en Africa Central. El antiguo Congo Belga, rico en coltán, oro y diamantes, ha sufrido los efectos del genocidio de Ruanda y Burundi a mediados de los noventa y el impacto del magnicidio de 2001. El África subsahariana está plagada de pugnas en desarrollo con un panorama político y social caracterizado por la proliferación de guerrillas, extremismo religioso, intervenciones extranjeras, hambrunas, sequías, narcotráfico, enfrentamientos civiles, desplazados exacerbación de guerras por los recursos disfrazadas de problemas étnicos, escasez de agua y deterioro de algunas débiles democracias.

En Burundi están a las puertas de una guerra civil interétnica. En Etiopía, en los próximos meses, unas 500.000 personas se podrían unir a los 10 millones que ya padecen hambre. En la República Democrática del Congo hay constantes rebeliones producto de una guerra por los recursos y el cólera hace estragos. En Níger el terrorismo islámico hace de las suyas y solo en junio de 2016 los ataques a poblaciones civiles por parte del grupo terrorista Boko Haram han dejado 50.000 nuevos desplazados. En Gambia se teme un golpe de Estado y en el Congo Brazzaville las milicias Ninja se enfrentan a los paramilitares del gobierno. Guinea Bissau ya es un narcoestado y las guerras en Malí y la República Centroafricana que algunos resumen como una lucha de influencia entre la 'Françafrique' y el expansionismo chino. Para colmo, el cambio climático mantiene una severa sequía en todo el sur del continente.

Aun enredados en semejante maraña , sin edulcorar el discurso, es posible sentarse a diseñar la estrategia para un escrutinio presidencial, en el marco de un acuerdo que la Conferencia Episcopal Nacional del Congo está facilitando. De allí el núcleo del mensaje del Cardenal Monsengwo en la predicación de Navidad: “El hecho de tomar el poder por las armas no justifica que no se le pueda dejar sino por las armas”.