El dedo detrás de la puerta

Las batidas de cabellera de Maduro y Saab pidiendo al Papa que detenga la “violencia opositora” es olvidar que la pelota está del lado del gobierno. Quieren que la Santa Sede impida que las madres lleven a sus hijos a las marchas. Y, por querer, de un momento a otro querrán que el Papa se instale en Miraflores y arregle su entuerto de 20 años. Ya es tarde. Bastante se le conminó desde Roma para cumplir con las premisas de un diálogo posible. Se les hizo toda clase de alertas acerca del peligroso giro de las cosas si sobrevenía la violencia. Hicieron silencio, se encogieron de hombros, arreciaron el terror de Estado y ahora llaman a María. Pretendieron colocar un muro entre El Vaticano y la Iglesia local y se atraparon el dedo detrás de la puerta. La carta que escribió el Secretario de Estado a Maduro aún espera por respuesta. La pelota está del lado del gobierno. Si persisten en su ruta suicida espera “el llanto y el rechinar de dientes”.

Francisco nos recuerda que es el Papa de todos y no puede ser de otra manera. Pero también dejó claro que su voz habla a través de los obispos venezolanos. Manipular a un pontífice, heredero de siglos conduciendo espiritualmente a millones de seres humanos por los rudos caminos de este mundo, es cuesta arriba. No lo hará el gobierno y tampoco la oposición. Pero el gobierno tiene un problema mayor: su responsabilidad es más grave en estos momentos. Si nos remitimos a la parábola de los talentos veremos como la mano se cargará a quienes más reciben y el poder, en Venezuela, tiene todas las ventajas. En Roma están al tanto.

Las madres de este país pasarán a nuestra historia y a la de este continente como admirables por su coraje ante las adversidades de los tiempos que nos ha tocado vivir. Si alguien sabe eso, por experiencia propia y ajena, es el Santo Padre, veterano de dictaduras y experto en sátrapas. El sabe su cuento y cómo lidiarlos… así el resto del mundo dude, chille, insulte y se retuerza. Este Papa puede mostrar una gran compasión y dulzura pero tiene sangre de orchata y piel de elefante, lo que un curtido político aseguraba era indispensable para conducir sin escuchar cantos de sirena.

Allí, donde vive en Papa, está el Secretario de Estado, ex nuncio en Caracas, conocedor como pocos del tinglado rojo y remitente de la famosa carta de los cuatro puntos. A la espera están…y no precisamente sentados. Cogerse el dedo detrás de la puerta, a estas alturas, no figura en sus planes. Eso es seguro.-