El canónigo es un loco

“El Capitán General salió al balcón y preguntó a la multitud si estaba o no contenta de su mando, cuando Madariaga, situado detrás hace seña a la gente de contestar negativamente (…) “¡No le queremos¡”(…) Replica a su vez el despechado Emparan: “Pues yo tampoco quiero mando “. De esta manera el historiador Caracciolo Parra Pérez recrea la reconocida escena del 19 de abril de 1810 en Caracas que marca el comienzo de la lucha por la Independencia, y la manera cómo el canónigo Don José Cortés de Madariaga entra a la accidentada historia venezolana.

La llegada del personaje a Venezuela se debate entre dos versiones con escasa comprobación documental. La primera de ellas sostiene que Cortés de Madariaga llego al país siguiendo instrucciones del Precursor Francisco de Miranda con el propósito de desarrollar un plan conspirativo contra la monarquía española, al igual que lo habrían hecho otros próceres latinoamericano; la otra versión, que parece más ajustada a los hechos, cuenta que el canónigo naufragó en su viaje de regreso a la capital chilena donde había nacido el 8 de julio de 1766 y que el capricho de las olas lo aventó a las costas venezolanas.

Lo cierto es que el inquieto, polémico e incansable sacerdote habría de participar en las principales jornadas de la Primera República. Es cierto que había digerido las enseñanzas de Miranda en Inglaterra, que se comprometió en las acciones previas al “Grito de la Independencia”, y que luego fue enviado por los patriotas venezolanos a la Nueva Granada para suscribir el “Tratado de Alianza y Federación entre Cundinamarca y Venezuela” el 28 de mayo de 1811, que se considera un valioso antecedente para la creación de la Gran Colombia y las relaciones diplomáticas posteriores entre las nuevas autoridades surgidas en la lucha por la emancipación continental.

Inquieto, terco, con fama de rebelde hiperkinético (“El chileno sedicioso” lo calificó uno de sus biógrafos) le tocaría protagonizar junto al General Santiago Mariño y el Almirante Luis Briòn la convocatoria a un congreso en la población de Cariaco el 8 y 9 de mayo de 1817, que restauró la institucionalidad civil en el país luego de la caída de la “Primera República”, mediante el rescate de los principios de la Declaración de la Independencia de 1811. A propósito de los 200 años de la reunión, despectivamente calificada como “El Congresillo de Cariaco” por Bolívar, el historiador Eduardo Morales Gil rescata el histórico hecho y se adentra además en la vida y las apasionantes aventuras del canónigo en el ensaño “El padre Cortés de Madariaga y el Congreso de Cariaco”. El escritor sigue los pasos finales del sacerdote, incomprendido incluso por el propio Libertador quien en carta de julio de 1820 al General Mariano Montilla por el éxito logrado por éste en la ocupación y toma de Cartagena, y enterado de la presencia de Madariaga en las acciones, le advierte: “Si algún faccioso llegara al territorio del mando de Ud., hágalo reembarcar para que no moleste ni embarace el curso de los negocios políticos. El canónigo es un loco y debe tratarse como tal”.

Morales Gil recuerda, que abandonado, atenazado por el hambre Cortés de Madariaga muere en Rio Hacha el 26 de Marzo de 1826, y que “ni siquiera se sabe dónde reposan las cenizas de uno de los más famosos iniciadores de la revolución de la América hispana”.