¿Dónde estamos parados?

afp

Los venezolanos mandaron un mensaje al mundo y a sus autoridades el pasado 16 de julio.

Después de cada alegría el ser humano tiende a reaccionar con la resaca del pesimismo, por síndrome de la mayor expectativa, sin embargo hay que entender los resultados del evento reciente.

¿Qué se buscaba con esa esta consulta, realizada por la Sociedad Civil? Demostrar el rechazo a la Constituyente que pretende imponer el Gobierno Venezolano, nada más.

Lo logrado es realmente poderoso: más de 7 millones de votos. Con menos del 70% de las mesas electorales existentes, , sin cobertura mediática nacional y ante la desproporción de una de las partes en su ánimo de desvirtuar el proceso. Con solo 2 semanas de preparación y un voluntariado bajo la sombra de la amenaza. A ellos vale la pena reconocerles su labor y recordarles que el mundo es sólo para aquellos que caminan sin miedo.

A lo anteriormente dicho hay que sumarle que en los sitios de mayor concentración de población fue imposible tomar los votos, tampoco los empleados públicos, que en su mayoría seguramente no están de acuerdo con la constituyente (aunque puedan simpatizar con el Chavismo)

Es lamentable haber abierto esa carta tapada de los que viven en el exterior. Muy triste tanto voto afuera pues ya podemos imaginarnos que la cifra de los que se fueron pudiera estar por el millón. Qué pena.

Logros adicionales para la Sociedad Civil: el pronunciamiento de los líderes del mundo, testigos todos de lo que quiere la mayoría de los venezolanos; la presentación en la media mundial de la realidad de un país que había estado en off por mucho tiempo, en parte por la miseria de algunos de afuera los que por algunas “pesetas” se han vendido, sin importarles la desgracia de muchos.

¿Mensaje? Muy simple: el gobierno debe tener claro que hay un descontento y un rechazo a su propuesta, a su modelo.

Oposición, yo diría Sociedad Civil, pues esto se les fue de las manos a los políticos: llegó el momento de DIALOGAR, de NEGOCIAR, de buscar los mecanismos y las personas idóneas, los interlocutores que traduzcan la voluntad de la mayoría y que logren una salida, pacífica, , democrática y en consenso para el futuro reencuentro de todos. No hay otra vía, no la conozco, no la quiero, ni la reconocería nadie.