Rostros GV|Delvalle Canelón: cada día doy gracias a Dios por darme la oportunidad de ser madre

Jean Paul Yañez Zarraga | Globovisión

Con la misma naturalidad que exhibe ante las cámaras, se sentó frente al espejo enmarcado por hileras de bombillos –los que están encendidos arrojan una luz cálida sobre el camerino. 

La maquilladora saluda afectuosamente a “Delva”, preparada para trabajar en su rostro, mientras ella desliza un par de comentarios sobre el tráfico caraqueño. Son las siete de la noche. Dentro de hora y media conducirá una nueva emisión de Reporte Estelar.  

Delvalle Canelón no recuerda cuándo decidió dedicarse al periodismo:  sin embargo está ahí sentada, mientras la estilista se afana en prepararla para salir al aire.  

Encarar la noticia en las pantallas de Globovisión, pronto la hizo darse cuenta del peso que la comunicación coloca en los hombros de quien la ejerce como carrera: "Uno tiene que ser responsable con lo que comunica. El periodista ha caído en la tentación de querer ser la noticia cuando la noticia no somos nosotros sino el hecho que estamos cubriendo. Hay que cuidarse mucho de eso", puntualiza. 

Al día de hoy suma 17 años de trayectoria en el canal, desempeñándose como reportera y presentadora de distintos espacios. Cubrió la fuente política, y su estilo frontal la hizo destacarse en las pantallas. 

Encara a sus invitados desde la frontalidad  y el respeto 

Desde la prensa, radio y televisión, Delvalle Canelón predica y practica la integralidad: “Siempre he creído que uno tiene que aprender un poquito de todo. Cuando un periodista además de escribir o estar en pantalla, sabe editar o diagramar, creo que valora mucho más la información que está transmitiendo, porque comprende todo el proceso que hay detrás”. 

Al llegar a  Globovisión ya tenía algo de experiencia en Meridiano, donde presentaba un segmento de noticias deportivas. Aunque no era la primera vez que trabajaba en una televisora, la periodista cuenta que su formación en la Universidad Central de Venezuela  se inclinó fundamentalmente hacia el periodismo impreso. 

Pero eso no la disuadió al momento de cambiar su empleo en el diario El Impulso para trabajar frente a las cámaras, donde se dejó cautivar por las posibilidades que ofrecía el lenguaje audiovisual:

“En televisión las imágenes hablan por sí solas. En el periodismo impreso puedes ahondar  en la noticia, ofrecer más detalles (…) son muy diferentes, pero igual de apasionantes, si a uno le gusta lo que hace", lo dice con seguridad, aunque reconoce que al principio le costó adaptarse al nuevo medio.

 –La transición fue difícil porque en prensa te acostumbras a escribir muchísimo, además yo tuve la particularidad de cubrir Asamblea Nacional. Eran sesiones de ocho, diez horas… llegaba aquí a las 5 de la tarde con un cerro de 10 o 12 cassetes, de treinta minutos cada uno, imagínate ver y escribir todo eso. A veces  me tenía que ir, les dejaba el trabajo a los productores y ¡Ayyy! a nadie le gustaba– soltó en un tono de culpable picardía.

Pronto le agarró el ritmo al parlamento, con reportes minuciosos pero precisos: “Mis notas de la Asamblea por lo general duraban 3 minutos (yo se los peleaba a la productora), para incluir todo lo que podía y todavía me quedaban cosas por fuera", agregó. 

En las pantallas de Globovisión se le vio reportar con agudeza  

De esos días en que cubrió las largas sesiones en el Palacio Federal Legislativo, le quedó la certeza de que una noticia puede provenir de cualquier parte: “Como estaba allí desde la mañana, llegaba y saludaba al portero, a la señora que barría, hablaba con la que colaba el café, y ellos me iban diciendo cosas. No toda la información venía  de los diputados”. 

Esa época,le brindó la posibilidad de entablar lazos de amistad con algunos parlamentarios, entre ellos Ismael García, quien más adelante la acompañaría en la conducción de Aló Venezuela, programa que duró casi 7 años en las pantallas de Globovisión.

Mientras se desempeñó como reportera, no sólo fueron las informaciones políticas lo que la mantuvieron ocupada, pues Canelón abordó sucesos de diversa índole que la llevaron por todo el territorio nacional en busca de la noticia.

Corría el  2010, las lluvias de ese año trajeron consigo una serie de inundaciones. En la población mirandina de Panaquire, le tocó enfrentarse a la naturaleza:

-De broma no nos llevó el río y nos ahogamos. La experiencia fue terrible, después que pasa, uno dice: ¡wow, pudimos haber muerto! Tú sabes que estás en el sitio, en la noticia… ves el peligro pero la adrenalina no te deja. Además está el deber que tienes de informar, oyes a la gente que te pide ayuda,  tú sabes que es una población tan alejada de Caracas y si no lo sacas para que las autoridades lo vean, eso no le iba a llegar nunca a nadie…

Entramos, cuando íbamos a mitad de la calle, la marea subió y la camioneta empezó a irse. Iba grabando un caliente y el camarógrafo me hacía señas para que siguiera  hablando yo pensaba: “¿Qué le pasa? Él quiere que yo siga hablando, cuando nos vamos a morir o sea yo no sé nadar”. 

Nos estaba llevando el río, íbamos atrás en la camioneta, él grababa las imágenes, yo narraba. Entonces me dice: “¡Brinca, brinca!”. Yo empecé a brincar y de los mismos nervios (donde tú miraras solo se veía agua. La corriente era brutal), lo que hacía era repetir esa frase– recuerda entre risas nerviosas.

-Ese movimiento de brincar generó tracción, hizo que la camioneta pegara del suelo y el conductor pudo maniobrar para salir. 

Una hora después, llegaron a rescatarnos en un vehículo de Protección Civil, y cuando quiso pasar, le ocurrió más o menos lo mismo que a nosotros: "Yo me ponía las manos en la cabeza y rogaba a Dios que el rió no se los llevara.  Afortunadamente ellos también lograron zafarse y pasamos la noche en el pueblo".

Desde hace varios años, Delvalle Canelón compagina el ejercicio de su profesión con las labores gremiales que desempeña como Secretaria General del Colegio Nacional de Periodistas. Desde allí aboga continuamente por la reivindicaciones de los colegiados. 

Una vez lista, Delvalle muestra la imagen que dentro de un rato lucirá ante las cámaras. Tiene una presencia sólida: desde su postura erguida, a la alta cola de caballo que como un lazo aurinegro cae sin esfuerzo sobre su espalda, hasta los gestos cambiantes que acuden a su rostro al compás de su verbo: 

"Desde que me gradué siempre he creído en el gremio, los periodistas deberíamos ser una sola fuerza pero en Venezuela no se le da la debida atención a eso", lamenta.

Más allá del periodismo y Caracas

Mudarse a la capital para inscribirse en la facultad de periodismo de la Universidad Central significó cambiar la tranquilidad de Jusepín por el caos de Caracas, por eso para Delvalle Canelón la idea de “volver al nido” que es su pueblo natal en el estado Monagas, es sinónimo de descanso y reencuentro. En la búsqueda de esas sensaciones, se acostumbró a ir y venir:

 A Jusepín regresa cada diciembre para celebrar las navidades y su cumpleaños (ambos el día 25) junto a sus seres queridos. 

Conoce el camino para volver, pero encontrar palabras que la ayuden a describir lo que siente cada vez que llega al lugar que la vio nacer es otra historia. 

Tal vez por eso, fiel a lo aprendido durante casi dos décadas de trayectoria en televisión, apela a las imágenes para transmitir lo que ven sus ojos. Entonces cuando va a Monagas, uno sabe que llegó porque se dedica a fotografiar desde paisajes hasta  personas que recuerda desde siempre y todavía siguen allí.

 "A mí me encanta mi pueblo, me encanta fotografiar sus amaneceres y atardeceres; además, utilizar las redes sociales para que la gente pueda conocer esos paisajes, es algo que me llena". 

La hija de Herminia viene de una familia grande, los Canelón, a quienes describe como un clan alegre y bullicioso: "Somos orientales –remata para zanjar la cuestión al completar el retrato: no siempre estamos juntos, pero cuando nos juntamos, buscamos el momento de compartir”.  

Con su familia paterna apenas tuvo contacto pero mantiene una estrecha relación con dos hermanos a quienes asegura querer mucho.

_ No hay presencia de mi papá en mi vida –reveló Canelón que lleva el apellido materno. Sí lo conocimos porque mamá nos inculcó a mi  hermano y a mí ese respeto hacia él. A veces, iba a la casa y lo veíamos, pero no fue un apoyo afectivo ni económico frecuente. Esas fueron cosas que comprendimos después que crecimos.

Las memorias de su niñez reaparecen envueltas en un halo de alegría y unión: Crecí rodeada de una familia amorosa junto a mi hermano y mi mamá, que como madre soltera tuvo que hacer algunos sacrificios. Ella era maestra rural por lo que  trabajaba muy lejos de casa, y la veíamos una vez al mes. Yo me crié con mi abuela y mis tías, pero con el tiempo ella pudo trabajar más cerca y la distancia fue mermando".

–Hacia mi padre nunca hubo rencor, aclaró. De grande procuré acercarme a él, siempre estaba pendiente: lo llamaba. Cuando llegaba al pueblo trataba de ir a su casa y visitarlo, ya trabajando en ocasiones lo ayudaba. 

Sin embargo, la proximidad fue efímera y terminó cuando su progenitor falleció a causa de un cáncer cerebral. Al hablar de la pérdida, la voz de Delvalle se quiebra ligeramente:        

"Me dolió muchísimo, porque creo que hasta ese momento no me había notado cuán importante era en mi vida y cuánto lo quería. Me habría gustado tener más tiempo, pero bueno lamentablemente no se pudo, mi papá se fue muy rápido".

Quien conversa con Delvalle Canelón en los pasillos de Globovisión, pronto descubre que es muy querida por sus compañeros del canal

Sentada en el pequeño mueble de mimbre, en ocasiones estira el brazo a modo de saludo y disculpa, cuando hace señas para indicar que está ocupada; sin embargo, mientras transcurre  el encuentro deja caer un “¿cómo estás?” aquí, o un “hola mi amor” allá; de la misma manera aborda con prontitud al encargado del catering: 

-Benito ¿tienes mi agua? – pregunta con amabilidad. Cuando Benito niega con la cabeza, ella pone cara de contrariada pero le agradece con una sonrisa y él promete ver: "Qué consigue”.

Cuando no conduce sus programas en televisión y radio, o se reúne con el equipo de producción de Reporte Estelar, Delvalle Canelón se entrega por completo al ciudado de la pequeña Isabella Delvalle. El tono en que habla de su maternidad es está:  

 _El nacimiento de mi hija fue como un milagro, llegó cuando ya habíamos perdido la esperanza. Yo me había sometido a tratamientos de fertilización, que eran muy costosos, teníamos dos años intentándolo cuando por fin logré concebirla de manera natural. Siempre había anhelado ser madre, Dios me dio esa oportunidad y se lo agradezco todos los días.

– ¿Cómo asumió su embarazo? tengo entendido que no paró de trabajar hasta el último minuto

–Sí, de hecho creo que una de las razones de porqué la niña es tan hiperactiva fue que yo trabajé hasta que decidí tomarme un descanso.

Al borde de la frontera entre el periodismo y la maternidad, Delvalle incluso llegó a hacer su programa de radio por teléfono, en pleno reposo prenatal: “No es lo mismo que estar en la cabina con los invitados, pero era una manera”, evocó.

Un año  después, con su hija en brazos, reconoce que no es fácil adaptarse a las responsabilidades que implica la maternidad, pues "lidiar con sus sobrinos de vez en cuando no se le compara jamás a tener un bebé propio: Cuando lloran uno no sabe qué le pasa y se desespera ¿tiene hambre? ¿o se siente mal?”, explica mientras trata  de apaciguar a Isabella, quien diputa su atención con el entrevistador a punta de reclamos inteligibles.

"Al principio no es fácil pero con el apoyo de la familia se hace más llevadero: afortunadamente conté con mi mamá y la  ayuda de mi esposo fue determinante", reitera. 

Para el matrimonio  Delgado- Canelón, adaptarse a su nuevo rol de padres implicó trabajar en equipo, aprender a coordinar  los complicados horarios de una periodista y un piloto con el cuidado de la niña: "Isabella está  muy pegada  conmigo, ella ya sabe cuándo me toca venirme al canal, porque empieza a llamarme:–mamá– (imita a  su hija), y a perseguirme por la casa”.

– Ahora está en la Guardería hasta las 5 de la tarde, pero yo la recojo un poco antes para compartir con ella. Ese rato consiste en tratar de prepararla para el día siguiente. Mi ritmo funciona al contrario, pues mientras las mayorías de las familias a esa hora vuelven a casa para estar con sus hijos, yo tengo que venirme para acá.

Cuando no había quién la cuidara, Isabella Delvalle solía concurrir: reuniones gremiales o programas de radio. Es cómico, porque la gente me escribe y me dice que hace falta la presencia de Isabella en el estudio, esa niña tiene más fans que yo”.

Otra de las cosas que disfruta es que criar a su hija le brinda la posibilidad de volver a ser niña: “Me  he visto rescatando las canciones con las que jugaba, porque a Isabella le gusta la música. Se tranquiliza cuando le cantan . Yo trato de retrasar el mayor tiempo posible su encuentro con el reggaetón", subraya. A partir de esa confesión, la conversación se inclina hacia sus propios gustos musicales.

_Me matan Chayanne y Franco de Vita. Al primero lo he visto; a Franco, no, porque cuando ha venido a Venezuela no he podido ir... bueno, si lo he visto pero no en solitario, rectifica rápidamente. Me gustaría ver un concierto solo de él.

Cuando de entretenimiento se trata, Delvalle se define a sí misma como una fanática de los espectáculos en vivo, que disfruta acudir al estadio durante la temporada de béisbol, para apoyar a su equipo: los Navegantes del Magallanes.  

Súbitamente la conversación se ve interrumpida, pues el deber llama a la periodista y por "deber", entiéndase una productora que luce visiblemente satisfecha por haberla encontrado.

Desde adentro, el estudio se ve más imponente e iluminado de lo que suele transmitir el televisor. Falta poco para salir al aire y eso se siente en el movimiento frenético de los técnicos que dan órdenes y manejan luces cámara y cables. La conductora los saluda y se mueve confiada entre ellos.

Como cada noche a las ocho comienza Reporte Estelar. Cuando se van a “negro” vuelve la avalancha de comentarios, bromas e indicaciones que conforman la rutina de todos los días, eso se nota en la familiaridad  que emana del equipo, y se concentra en la habitación. 

Vuelven del corte y la transmisión puede verse en un monitor encendido  en una de las esquinas. Entonces queda claro. A pesar del poder de la imagen hay atmósferas que no pueden traspasar las pantallas.

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