Del Empate Catastrófico al diálogo en Venezuela

Referencial

El sistema-mundo presiona las disidencias, en su afán de hegemonizar y controlar todas las variables, desde lo cultural, pasando por las políticas y la economía. Actúa de múltiples maneras para afrontar esas disidencias. El sociólogo francés Pierre Bourdieu lo enmarca dentro del concepto de campo, entendido como un espacio social estructurado de posiciones e interacciones objetivas. Esos campos son de lucha, pues en ellos encontramos agentes o actores que pugnan por la producción, distribución y apropiación del capital (económico, político, social, simbólico). Afirmamos contundentemente, que lo sucedido en Venezuela en los actuales momentos, encaja perfectamente en una lucha por el control y manipulación de los campos y su impacto sobre las formas de capital.

Hay que estar claros, que la irrupción de Chávez, tanto en su forma física de poder, como en las formas simbólicas (era un zambo, que representa la lucha por subvertir el orden de los afrodescendientes y los descendientes de indígenas en la historia de Venezuela), generó un trastocamiento de las maneras en que se presenta el control político en la historia del siglo XX. Chávez irrumpe, no sólo derrumbando el “orden institucional” del sistema político, sino haciendo evidente la existencia de los sujetos invisibilizados históricamente. Chávez es la representación en el siglo XXI de los denominados “miedos a la revolución”, surgidos en pleno proceso de ruptura colonial como lucha de clases, resurgidos en los planteamientos de Ezequiel Zamora y vueltos a ocultar, por la democracia conciliatoria a partir de 1958.

Ese proceso, no sólo afecta el control económico de los sectores propietarios, sino que afectó la capacidad de dominar mediante la imposición de un habitus, eso es un sistema de disposiciones adquiridas que permiten generar categorías de apreciación (y entendimiento) del mundo. Dicho de otra manera, los habitus de aceptación social (educativa, cultural, económica, política) son claves para el mantenimiento de un orden explotador por parte de los actores hegemónicos. Con Chávez, esa capacidad de dominación, que invisibilizó (o redujo) el conflicto social al mínimo, como marco de acción de la democracia conciliatoria, desapareció y por ello, la percepción en ciertos actores de Venezuela, expresada en la afirmación “nunca antes se había vivido este conflicto”. Hay sin duda un choque cultural, entendido como una gran contradicción entre campos de conflicto y esa confrontación se hizo más evidente con la sucesión de Chávez por parte de Nicolás Maduro.

En ese contexto de choque cultural, el sistema-mundo encontró lo que se ha dado en denominar una oportunidad política, es decir, un cambio en la correlación de fuerzas institucionales, marcado por la afectación emotiva ante la desaparición del liderazgo de Chávez y la irrupción, de un tipo de liderazgo (el de Maduro) diametralmente diferente, en términos discursivos y simbólicos. Las tensiones surgidas del choque cultural, que con el liderazgo carismático de Chávez se mantuvieron “controlables”, surgieron con nuevo ímpetu a partir de 2013. Para facilitar esa dinámica, se sucedieron un conjunto de acciones destinadas a afectar el control político ejercido por el fenómeno Chávez, sobre la base de un apoyo popular significativo. Es en ese punto, donde entran las acciones de Guerra No Convencional. Es ahí (junto a los propios errores) que debe entenderse como el dólar paralelo aumentó en promedio un 225% entre 2013-2015, mientras que en el período 2003-2012 la diferencia entre el dólar oficial y ese dólar ladrón fue de 25%. O cómo se han otorgado más de 420.000 millones US$ por parte del Gobierno Nacional en el período 2003-2014 y se han desviado más de 220.000 millones US$ a cuentas en el extranjero, pero a pesar de ello, se estigmatiza únicamente al Gobierno Nacional.

En el caso Venezuela, se ha aplicado las estrategias descritas por Gene Shard en su texto De la Dictadura a la democracia, debilitando el principio del control político: la autoridad. El trabajo de ablandamiento psicológico con expresiones como “Maduro no es Chávez”, “Con Chávez esto no pasaría”, “soy chavista pero no creo en maduro”, son parte de un entramado simbólico que forma parte de este campo de lucha. Sus efectos han sido notorios: la votación del chavismo disminuyó de 8.100.000 votos en octubre de 2012 (última elección de Chávez) a menos de 6 millones el 6-D-2015. La mayoría en una acción de abstención, que refleja esa trabajo de ablandamiento ideológico, aunado a las propias interpretaciones ortodoxas, el burocratismo o el pragmatismo amenazando la acción de cambio revolucionario.

Todo este contexto, ha generado lo que Álvaro García Linera denomina un “empate catastrófico”, eso es dos fuerzas, que enfrentadas no logran anularse una a la otra, que comparten parte del poder político (El Poder ejecutivo bajo el control del PSUV y la Asamblea Nacional bajo la MUD) y mantienen una situación de mutua resistencia. Desde inicios de este año 2016, ese enfrentamiento ha generado una paralización del aparato institucional, entorpeciendo la toma de decisiones del Poder Ejecutivo, al mismo tiempo que esté articula acciones judiciales contra la Asamblea Nacional. La imposibilidad real, en términos de movilización de la oposición para imponer una transición forzada, así como el acorralamiento afectivo de ciertos sectores aliados al Gobierno de Nicolás Maduro, han abierto la puerta para un conflicto de mayor intensidad, generando mayor resquebrajamiento psicológico en la población.

El sistema-mundo, a través del financiamiento subrepticio de sectores de la oposición, contando con el apoyo mediático ha avanzado en crear la percepción de un Estado Fallido, eso es incapaz de mantener el orden y satisfacer las necesidades básicas. En medio de esas tensiones, se insiste en sostener una crisis de expectativas, que tiene como objetivos tres acciones esenciales: 1) generar comparaciones de las expectativas recientes con otros tiempos (manifestada en la expresión “antes éramos felices y no lo sabíamos” o “en Venezuela no habíamos vivido esto”); 2) relacionar las privaciones experimentadas con un agente o actor (“la dieta de Maduro me tiene así de flaco”) y 3) exaltar los beneficios esperados (“Vota contra maduro y haz tú última cola” o “Con la oposición finaliza la crisis”).

La fragilidad psicológica adelantada con éxito, ha elevado a tal punto la animosidad, que buena parte de la comunidad internacional ha manifestado preocupación, desde organismos como la OEA que con su Secretario General apuesta a la oposición, pasando por los países del ALBA y su solidaridad automática con Venezuela. Nos encontramos en un momento donde el diálogo propiciado con el acompañamiento de la Iglesia Católica y el Papa Francisco, debe derivar en la paz. Pero la paz implica luchar por ella, a través de la superación de realidades sociales perversas. La paz se construye en la búsqueda incesante de la justicia social y sin duda, ha sido en estos últimos años donde se ha avanzado sin límites en una extensión de la justicia social. Con errores sí, con omisiones también, pero al comparar en perspectiva histórica el saldo en términos de inclusión es notorio e innegable. Apostemos a una paz con Justicia, que implique revisar lo acontecido hasta ahora, por cada uno de los actores en pugna. De lo contrario, el camino sería la violencia fratricida y constante.