Da Vinci, Ahora Saudita

La subasta “Christie's de Nueva York el 15 de noviembre de 2017 deparó una sorpresa para los asistentes: la obra “Salvator Mundi” de Leonardo Da Vinci terminó su cotización en 450,3 millones de dólares, (380 millones de euros) es decir, hasta hoy la obra de arte más cara del mundo. 

El comprador de nombre Bader (no se ofrecieron entonces más detalles sobre su identidad) anunció que la pieza será llevada al Museo Louvre de Abu Dabi  siendo la primera obra del creador florentino expuesta en el Medio Oriente. No faltaron dudas durante mucho tiempo sobre la autenticidad del famoso cuadro hasta que en el 2011 en la “National Gallery de Londres” fue confirmada su plena autenticidad.

El “New York Time” aclaró días después de la operación el nombre completo del comprador: Bader bin Abdullah Mohammed van Farhan al-Saud, un “príncipe saudita poco conocido de una rama remota de la familia real, sin historia como gran coleccionista de arte y sin una fuente de gran riqueza públicamente conocida”. 

Otros comentarios de prensa sugieren que el verdadero comprador es el rey de Arabia Saudita Salmán bin Abdulaziz. 

Sin embargo, la polémica no cesa: Alex Clausen un vendedor de mapas raros de San Diego, quien cotejó las imágenes expuestas en “Christie's” con otras copias, asegura que existe muy poca documentación confiable sobre la procedencia del costoso cuadro.

“Salvator Mundi” o “Cristo como Salvador del mundo” data del año 1500 y lo muestra con vestido renacentista, dando una bendición con la mano derecha levantada y los dedos cruzados mientras sostiene una esfera de roca cristalina y es sin duda, una de las veinte obras más conocidas del pintor y la única que permaneció en manos privadas hasta el mes pasado. 

La preferencia de los acaudalados príncipes del reino petrolero por la pintura ya es ampliamente conocida. En 2011 “Los jugadores de cartas” de Paul Cézanne fue comprada por la familia real de Catar por 250 millones de dólares, al superar los 210 millones ofertados por “Cuidado te Casarás” de Paul Gaugin. No sólo de petróleo y del Corán viven los seres humanos.