Andrés Moreno: Sufrí todas las lecciones de vida de un emprendedor

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Comenzar un emprendimiento no es fácil, menos en Latinoamérica. Así lo sabe muy bien Andrés Moreno, CEO de Open English y uno de los creadores de startups más reconocidos en nuestra región. Un exitoso empresario, pero que comenzó como todos, sin financiamiento e inclusive durmiendo en el sillón de unos amigos por cerca de un año, para mantenerse en Silicon Valley y conseguir inversionistas.

¿Cuáles fueron las mayores dificultades que tuviste cuando empezaste con Open English?

A pesar de que la compañía ha crecido mucho, hemos pasado por todas las etapas y todos los retos. Inicialmente cuando comenzamos yo trabajaba desde Venezuela, en un apartamento chico y había dejado recientemente la universidad para fundar esta empresa online. Sufrimos todas las lecciones de vida de un emprendedor. Quizás uno de los retos más importantes fue el levantamiento de capital.

En ese momento había una falta de educación en cuanto al inversionista latinoamericanos sobre cómo invertir. No era falta de capital, sino que no sabían cómo invertir en una empresa. En Silicon Valley se dieron cuenta, después, que era importante que la propiedad de la marca quedará en manos del emprendedor. Porque las cosas se ponen complicadas, siempre lo hacen en algún momento, y el emprendedor es el que está ahí 20 horas al día trabajando para sacar adelante la empresa. Este sentimiento que no estás trabajando para alguien, sino que la empresa es tuya es importante.

Eso tiene que ver con temas de educación de los inversionistas latinoamericanos. Por ejemplo, yo nunca logré levantar capital en América Latina y me tuve que mudar en Silicon Valley. Pasamos siete meses desarrollando este producto.

Otra cosa que hacía falta en esa época era conocimientos para el emprendedor. En su minuto no habían muchos textos en español al respecto, ni un ecosistema local. Ningún país en Latinoamérica quería apoyar al emprendedor con conocimientos de este tipo o ayudarte a armar equipos, encontrar inversionistas o a pensar tu propio producto. Tampoco habían referentes de éxito, entonces la gente estaba mucho menos presta a invertir porque no habían muchas historias con buenos resultados.

Con todos estos factores fue bastante difícil, tanto así que tuve que dormir en el sofá de un amigo en Silicon Valley por un año. Ahí me despertaba todas las mañanas, me ponía un traje e iba a buscar inversionistas a levantar capital de US$20 mil en US$20 mil para ver si lográbamos financiar el inicio de la compañía. Por suerte eso funcionó, pudimos armar el producto. Finalmente llegamos a Open English, al modelo actual, pusimos los avisos en televisión y la compañía finalmente despegó.

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