Con la huelga universitaria comenzó la caída de la dictadura militar

El 4 de noviembre de 1957 el dictador, general de división Marcos Pérez Jiménez presentó al Congreso Nacional designado por él un proyecto de ley para prorrogar su mandato mediante un plebiscito fijado para el 15 de diciembre que anulaba el derecho de los venezolanos a elegir presidente.

 La Junta Patriótica que hacía resistencia a la dictadura rechazó la maniobra y llamó al pueblo a repudiarla. El Frente Universitario dirigido por Héctor Pérez Marcano /AD), Héctor Rodríguez Bauza (PCV), Rafael Rodríguez Mudarra (URD) y José de la Cruz Fuentes (Copei) convocaron una huelga de los universitarios para el 21 de noviembre, Día del Estudiante. 

El planteamiento de los jóvenes era clarísimo: salir del dictador y enrumbar al país a la democracia interrumpida con el golpe que el mismo Pérez Jiménez con los comandantes Carlos Delgado Chalbaud y Luis F. Llovera Páez dieron al naciente gobierno del escritor Rómulo Gallegos en noviembre de 1948 y cortó el inicio democrático en Venezuela, contenido en la Constitución de 1947.

Pérez Jiménez controlaba el poder militar y supervisaba las obras públicas donde se enriquecía con jugosas comisiones, mientras Pedro Estrada era el padrino de la represión y Vallenilla Lanz se entendía con el empresariado.

En el plebiscito votarían los mayores de 18 años y extranjeros con residencia de dos años en el país. Se les preguntaría si querían que el militar siguiera en el poder.

La huelga universitaria es la chispa que enciende la rebelión y la juventud militar se suma a la resistencia. Se comienza a construir la estructura cívico militar para el derrocamiento del sátrapa de Michelena. La calle hierve en protestas, ya no le temen a las Seguridad Nacional, policía política del régimen pese a detenciones y allanamientos. 

Mítines relámpago en barrios y fábricas llaman a no apoyar el fraude electoral y la abstención se manifiesta pese a que el gobierno presiona a los empleados públicos a presentar al día siguiente la tarjeta roja del no y saca camiones para llevar a la gente a votar.

El Consejo Supremo Electoral presidido por Héctor Parra Márquez proclama vencedor al dictador con cifras forjadas y el 31 de diciembre en Miraflores celebran con champaña pero ya había llegado el chisme de una conspiración militar. El 1º de enero a las siete de la mañana, un “caza vampiro” de la fuerza aérea rompe el amanecer del Año Nuevo y atraviesa las torres del Centro Simón Bolívar, pasa sobre Miraflores y anuncia la rebelión. 

Aún no sé por qué el comandante Hugo Trejo sacó los tanques del cuartel Urdaneta en Catia y se fue a Maracay, cuando debió marchar a Miraflores. Fueron detenidos en Las Tejerías y el plan fracasó por falta de coordinación entre los diferentes grupos de resistencia. Pérez Jiménez dice en cadena nacional que “existe la más absoluta normalidad en el país”.

El movimiento de enero falló pero marcó la metástasis del régimen y las protestas de calle desembocaron en el triunfo por la democracia. La Juventud civil y militar inició con sus acciones la fuga del tirano: la madrugada del 23 de enero el general en su laberinto se embarcó en la “Vaca Sagrada” y se fue con las alforjas llenas con el dinero mal habido. ¡Libertad, libertad! gritaban los venezolanos en las calles agitando la bandera tricolor. Una junta cívico-militar encabezada por el contralmirante Wolfgang Larrazábal asumió el poder y convocó a elecciones.