Comer animales de la calle conlleva grandes riesgos

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Comer animales de la calle conlleva grandes riesgos como la muerte de quien los consume, pues estas especies no cuentan con los controles veterinarios y sanitarios necesarios para garantizar su inocuidad alimentaria.

Alrededor de 75% de las infecciones humanas emergentes, tienen su origen en zoonosis, enfermedades transmitidas desde los animales a los humanos.

Algunas de ellas, pueden comprometer la salud humana a través del contacto e ingesta con su carne y derivados, lo cual incluye decenas de agentes bacterianos, virales, protozoarios, helmintos y hasta hongos, entre otros.

Más allá de las implicaciones éticas y culturales, no hay situación económica que justifique el consumo de gatos, perros, palomas y demás animales domésticos. Tampoco es justificable el consumo de animales silvestres como loros, guacamayas, primates, culebras y hasta cocodrilos, en una lista que, según la organización no gubernamental internacional VITALIS, puede alcanzar hasta 100 especies.

Es ampliamente conocido que culturas como la China, Coreana, Japonesa y Vietnamita consumen perros y gatos como parte de su dieta. Inclusive, este hábito cruel también se extiende a países como Suiza, Canadá y regiones estadounidenses como Alaska y Hawaii.

Sin embargo en países como Venezuela, la crueldad se exacerba con la crisis social y económica, incrementando el número de animales cazados en ambientes naturales, o robados de colecciones zoológicas, incluyendo – supuestamente – a palomas, garzas y patos en algunos parques de recreación, y hasta dantas o tapires, y un rinoceronte, casos ampliamente divulgados en un zoológico del estado Zulia.

Si bien el ser vegetarianos o veganos puede ser una excelente alternativa, para quienes ejerciendo su libre albedrío decidan optar como el consumo de proteína animal, existen opciones que usualmente cuentan con sus permisos sanitarios para garantizar su consumo.

No obstante, quienes decidan comportarse antisocialmente, consumiendo animales de la calle o robándolos de lugares que deberían ofrecerles la protección que necesitan, tengan presente que no solo está realizando un acto condenable, sino que además, está poniendo en riesgo su salud.