Ciudad a Lápiz: Betancourt

Referencial

¿Cuál fue el legado de Rómulo Betancourt? “La constancia, la entrega a la lucha y al servicio. Otra, la decisión de afrontar las situaciones, por amargas que sean, en aras a los superiores intereses de Venezuela; sin olvidar el ejemplo de la honestidad, que es muy importante en este país donde por las manos de un gobernante pasan millones de millones y donde se necesita una estructura sólida para impedir que las tentaciones, que asechan por todas partes, al que tiene el poder en la mano sean rechazadas con firmeza, una y otra vez”. Así se expresó Rafael Caldera –el más tenaz opositor- de Rómulo Betancourt al momento que éste murió en 1981.

La grandeza de nuestros líderes civiles es un claro y vivo ejemplo de la ruta que debemos seguir la dirigencia política venezolana en medio de estos oscuros tiempos de decadencia. Betancourt, el fundador de la república civil, el “tercer rey de la baraja” para Herrera Luque, marcó con su presencia, su firmeza y férrea voluntad, la construcción de una república civil y de instituciones. Su grandeza estuvo, en abandonar el personalismo y el caudillismo primitivo que había acompañado la historia venezolana para dar paso a un sistema sólido de instituciones. Limitó su poder y dio paso a una figura impensable sin ningún antecedente patrio: la alternabilidad política, pacífica y democrática.

Toda una generación de grandes lo acompañaron, cada uno en su acera pero, mirando con sentido de grandeza los grandes intereses del país: Caldera, Villalba, Uslar, Otero Silva, los hermanos Machado, Picón Salas, Briceño Iragorry, Andrés Eloy Blanco, Gallegos, Pizani, Leoni y otros tantos que se empinaron por encima de sus diferencias y se abocaron a construir nación.

Churchill decía que los hombres de Estado se diferenciaban de los políticos porque eran aquellos que pensaban en la próxima generación y no en la próxima elección. Con ese ejemplo tan maravilloso que tenemos los venezolanos, es hora, sin quedar anclados en el retrovisor de la historia, de retomar esa ruta que nos dejaron los héroes civiles del siglo XX.

Su magna obra, la Constitución de 1961, fue el instrumento donde todos pudieron coincidir. Más allá del Pacto de Punto o de la Ancha Base. La construcción de un sistema democrático ejemplo para América Latina e incluso, para la madre patria, fue producto de un gran consenso nacional entre quienes dieron paso a la pluralidad, sin hegemonías ni personalismos.

Los debates, sus diferencias, siempre fueron en torno a la visión clara que cada uno tenía sobre el país. Desde el Plan de Barranquilla, “Venezuela, Política y Petróleo”, sus constantes discursos, proclamas y ensayos; Betancourt supo canalizar la consolidación de un verdadero sistema republicano a través del respeto a las ideas y generando grandes consensos.

Betancourt está de aniversario y su natalicio debe servirnos a todos como ejemplo. Vale la pena que tomemos de su legado la grandeza y la construcción de grandes consensos para reconstruir a Venezuela. La unidad democrática debe ser refundada pero, parafraseando a Caldera, que la toma de las decisiones, por amargas que éstas sean, estén enfocadas en aras a los superiores intereses de Venezuela.