César Vizcaya y la espada rota del Mariscal Sucre

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Si el Parque Ayacucho tuviera una gerencia o una dirección no estaría en las actuales condiciones, ni hubiera sufrido los saqueos a que ha sido sometido por manos inescrupulosas por tantos años. Si dependiera de algún cargo no estaría como hoy está. La afirmación corresponde a un luchador social popular de labor reconocida, César Vizcaya, uno de los promotores del Ambulatorio del Sur hace más de dos décadas. Humilde crítico de los gobiernos locales, ha tramitado con ellos diversas acciones por su comunidad.

Nadie imaginaba que sacaríamos adelante al ambulatorio y ahí está, a tres cuadras del Parque Ayacucho prestamos un servicio a módicos precios tan importante como cualquiera de las clínicas de la ciudad. He tenido luchas con todas las alcaldías y hasta Raulito, el primer electo, amenazó con ponerme preso, aunque después lo ha negado.

Por eso cree que el Parque Ayacucho debe tener una autoridad, como existe en otras partes del mundo, no es cualquier plaza. Son cuatro hectáreas llenas de historias y tradiciones. Mi infancia transcurrió al igual que mi juventud en estos engramados y he visto como se llevaron los bancos de mármol italiano blanco de Carraca, y dicen que los tenía un general de la guardia nacional comandante del Core 4 en su casa en el cerro El Manzano, hacia donde se ha desplazado la ciudad. Allí la burguesía y la clase media emergente construyeron otra ciudad desconocida. Cuando la denuncia del robo de los bancos salió en los periódicos el general los retiró y los escondió, pero nunca los devolvió.

También me dolió cuando se robaron los querubines de las cuatro fuentes. Eran cuatros niños de mármol muy bien elaborados también de mármol de Carrara y dicen que están en la quinta de otro militar en la misma zona. Se los llevó y nos robó su belleza, pero nunca se investigó. Su codicia y egoísmo nos priva de esas bellezas.

El segundo alcalde Nelson Piña también pasó sin pena ni gloria y Macario eliminó el departamento de parques y jardines, otra catástrofe. Lo mismo ha pasado con Henri, porque no ha habido progresismo. Con Amalia y con Alfredo ha sido el mismo abandono. ¿Dónde está la gente de Patrimonio? No les apena las banderas rotas. Por supuesto menos a la Alcaldía.

Cuenta Vizcaya que se le reconoce al músico Napoleón Lucena cuando administró el cine Rosal que ponían la mejor música popular de entonces y por los altavoces a los mayores decibeles antes de la función colocaban lo mejor de Benny Moré, Toña La Negra, Carmen Delia Dipiní la Sonora Matancera, culminando con Endrina –su más importante composición– cátedra de formación musical.

El Parque Ayacucho fue famoso por sus retretas que se dieron hasta 1980 y tuvo una casa de música. Me cuentan porque eso no lo viví, que en esa casita los fines de semana venía una joven y por los altavoces del parque ¿dónde están? difundía a Beethoven, Vivaldi, Bach, Strauss, Chopin. Los niños y jóvenes de las vecindades vivieron épocas de oro de este hermoso lugar de la ciudad, olvidado por los gobiernos que ahora lo usan para concentraciones partidistas. Falta mucho por decirte del parque, pero lo que más me duele es que el Mariscal Sucre esté al frente de la batalla sin su espada, la rompieron y nunca ha sido reparada, además de las letras que se las robaron impunemente y se perdieron las frases de Bolívar: “La posteridad representará a Sucre con un pie en el Pichincha y otro en el Potosí, llevando en sus manos la cuña de Manco Capac y viendo las cadenas del Perú, rotas por su espada”.